En educación SI hay secretos

Leyendo el libro “Cuando habla el corazón” de Javier Abad, me tropecé con unas palabras que no quiero retener solo en el libro, por si no te las encuentras. Son sencillas e incluso obvias, pero exigentes y fecundas si las hacemos más propias. Me parece una buena forma de abrir brecha en el tema de ayudar a los hijos.

La educación continúa la generación, engendra cada día vida nueva en los hijos; y cuando se trata de educación cristiana, por su medio el Espíritu Santo da vida sobrenatural. Los educadores complementan en el colegio la labor paterna y materna. Las palabras que siguen, aunque dirigidas a los padres, son igualmente válidas para los educadores de sus hijos.

no enseñéis a vuestro hijos a rezar, que no aprenderán: rezad vosotrosJuan Pablo II.

La oración no se enseña; se comunica; se trasmite por contacto, como el lenguaje. Los pequeños hablan porque oyen a sus padres, utilizan sus términos, se impregnan de su acento;  se les pegan sus ademanes. Tal sucede con las virtudes y hasta con los defectos que hayan en el hogar desde que nacen: se les prenden como el color, como el aroma, como el polvo del ambiente. No son las cualidades que los padres tratan de inculcar, ni los conflictos que quieren evitar: es lo que realmente los niños tocan y viven y aspiran mientras crecen.

Si encuentran en la casa que el espíritu de oración llena el ambiente con naturalidad, obrarán sin que nadie tenga que enseñarles. En la familia reciben el tesoro de la oración, el secreto de ese lenguaje expresivo de los hijos de Dios. Allí encuentran el enfoque sobrenatural de los sucesos corrientes; allí aprenden a responder con coherencia a cada situación fácil o complicada. Allí respiran la fe para practicar con equilibrio “innato” una conducta cristiana en medio del diario vivir con todas sus vicisitudes.

Para poder hablar de Dios a los niños, se necesita una íntima unión con Él que irradie a los demás; que el niño perciba tan real como las cosas que le rodean, sin extrañezas, sin afectación, sin aspavientos; entonces sí, ahí sí, los niños oran con espontaneidad como caminan, como comen.”

Te pregunto y me pregunto ¿Qué más podemos hacer?

Hay seguro muchas respuestas. Ell@s aún necesitan nuestro ejemplo.

Pues ánimo y a por ello.

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