Regreso al futuro

Así se titula una película en la que el protagonista que viaja a través de un túnel del tiempo, es capaz de estar presente en su futuro. Por esa presencia cambia su vida por una mejor.

En la historia de la humanidad hay un acontecimiento que sucedió en el pasado y que tiene el poder de transformar definitivamente el futuro de quien regresa a él en el presente. Ese acontecimiento es Belén.

¿Recuerdas a los tres Reyes Magos recorriendo con valentía y autentica determinación unos caminos desconocidos, largos y difíciles bajo la luz de una enigmática estrella, que les llevó al Señor?.

Todos tenemos experiencia de toparnos en nuestra vida con muchas “luces buenas” que hemos sabido mirar. Dejándonos guiar por ellas hemos comprobando con sorpresa que nos han conducido hacia un futuro, quizá no más fácil, pero si más feliz.

Una luz esencial para la mirada de un cristiano, es la LITURGIA de la Iglesia. Ella nos invita a descubrir a través de sus símbolos como Dios nos llama y nos guía. Tenemos bien experimentado que sin recorrer el camino del encuentro personal con Cristo nuestra fe es hueca, insípida y vacía. Sabemos que la liturgia es parte del camino.  Necesitamos la Liturgia para vivir en Cristo y de Cristo.

A partir hoy se nos invita a adentrarnos en el camino del TIEMPO DE ADVIENTO que recorreremos hasta el 24 de diciembre.

Con él comienza el Año Litúrgico. Con él podemos mirar al futuro.

Sin Dios, el hombre se ve abocado a caminar solo y en el laberinto estrecho de su limitación y de las absurdas tendencias que producen las heridas del pecado.

El autentico futuro es el que hace al hombre recuperar su grandeza y esto solo ocurre en Dios.

La verdadera fuerza de la Iglesia es ser el espacio al que podemos regresar siempre que lo necesitemos a recogernos en silencio para crecer, desarrollarnos, dar fruto y encontrar así nuestro auténtico futuro.

 

Estamos invitados:

  • a “creer “y “esperar” en la venida de nuestro Dios, para poder “amar” cuando venga en navidad.
  • a disponer nuestra alma para que acoja al Señor que viene en la Comunión y en la gracia.
  • a estar preparados para la venida final del Señor como juez, en la muerte y en el fin del mundo.

¿Cómo?

Mejora tus ratos de oración,

proponte pequeños sacrificios que te ayuden a percibir la inminencia de su llegada,

acércate al sacramento de la confesión para limpiar a fondo el portal de tu alma,  de todo lo que pueda doler al Niño y  …

prepara así un auténtico portal de Belén donde la Virgen esté contenta de poder dejar a su Niño, a nuestro Niño.

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