Músculos para el cuerpo y para el alma.

Hace años, el único camino para llegar a mi cole pasaba necesariamente por  una gran cuesta. La atrofia muscular y oxidación que produce la falta de deporte, hacían que para mí, la escalada fuese demasiado costosa. Aunque quería llegar a tiempo a mis clases, rara vez lo conseguía. Un día decidí llegar a ser capaz de hacer lo que quería, y me propuse hacer deporte.

El entrenamiento poco a poco dio su fruto. Cada día tardaba un poco menos en recorrer el mismo trayecto y cada subida me suponía menos esfuerzo.

Pienso que, lo que el efecto del fortalecimiento de la musculatura supuso para mi cuerpo, lo supone el desarrollo y fortalecimiento de las virtudes para el alma.  Los dos ejercicios hacen crecer las capacidades de las personas y nos permiten poder elegir entre todas las posibilidades que existen.

El que no sube una cuesta porque no puede, no es libre de elegir entre subir o no. El que puede escoger entre hacer o no hacer,  porque tiene capacidad para cualquiera de las dos cosas, es auténticamente libre.

El ejercicio de las virtudes desarrolla en nosotros la musculatura necesaria para poder elegir lo bueno de un modo fácil y gratificante. Nos da acceso a la libertad, la santidad y la felicidad.

La carencia de virtudes es un lastre para alcanzar mis metas y también una “oportunidad” para esforzarme  por ser mejor. Ahí donde te falta, pon poco a poco. Porque o avanzamos en la virtud o nos hundimos en su ausencia.

Nadie nace arquitecto, agricultor… pero muchos tienen la capacidad para llegar a serlo. No somos buenos o malos de nacimiento, pero todos tenemos capacidad para llegar a cualquiera de las dos metas. El esfuerzo por alcanzar ser bueno se llama lucha interior”. La ausencia de lucha nos hace caer en la carencia de virtud, …, en el mal.

 

Por eso dice Benedicto XVI que…

“La crisis de nuestro tiempo depende principalmente del hecho de que se nos quiere hacer creer que

 se puede llegar a ser hombres sin el dominio de sí,

 sin la paciencia de la renuncia y la fatiga de la superación,

 que no es necesario el sacrificio de mantener los compromisos aceptados, ni el esfuerzo para sufrir con paciencia la tensión de lo que se debería ser y lo que efectivamente se es.”

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