Estos días ¿se puede no pedir perdón? ¿se puede no perdonar?

¡Cuantas cosas se comprenden al ver al Señor en la Pasión!

¡Cuántos deseos de que la cruz le pese menos al Jesús!.

Por eso sale solo el propósito de luchar para evitar el pecado, que aumenta ese peso. Pero aún así, seguiremos cayendo. Entonces nos levantaremos, siguiendo su ejemplo, y seguiremos luchando. Iremos corriendo a pedirle perdón, para consolarle en tu agonía.

El consuelo y el amor no quitan peso al madero, pero seguro que te dan ánimo y fuerzas para notarlo menos.

Nos enseña el Catecismo:

1851 En la Pasión, la misericordia de Cristo vence al pecado. En ella, es donde éste manifiesta mejor su violencia y su multiplicidad: incredulidad, rechazo y burlas por parte de los jefes y del pueblo, debilidad de Pilato y crueldad de los soldados, traición de Judas tan dura a Jesús, negaciones de Pedro y abandono de los discípulos. Sin embargo, en la hora misma de las tinieblas y del príncipe de este mundo (cf Jn 14,30), el sacrificio de Cristo se convierte secretamente en la fuente de la que brotará inagotable el perdón de nuestros pecados.

1491 El sacramento de la Penitencia está constituido por el conjunto de tres actos realizados por el penitente, y por la absolución del sacerdote. Los actos del penitente son: el arrepentimiento, la confesión o manifestación de los pecados al sacerdote y el propósito de realizar la reparación y las obras de penitencia.

El segundo mandamiento de la Iglesia (“confesar los pecados mortales al menos una vez al año”) asegura la preparación para la Eucaristía mediante la recepción del sacramento de la Reconciliación, que continúa la obra de conversión y de perdón del Bautismo

1496 Los efectos espirituales del sacramento de la Penitencia son:

 – la reconciliación con Dios por la que el penitente  recupera la gracia; la reconciliación con la Iglesia.

– la remisión de la pena eterna contraída por los  pecados mortales;

– la remisión, al menos en parte, de las penas  temporales, consecuencia del pecado;

– la paz y la serenidad de la conciencia, y el  consuelo espiritual;

– el acrecentamiento de las fuerzas espirituales para  el combate cristiano

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