¿Qué relación hay entre la Eucaristía y la Cruz?

 

Se acercan el Jueves y el Viernes Santo. En los que se nos entrega el Señor en la Eucaristía y en la Cruz.

En estos días podrás acompañar al Señor en el “monumento de Semana Santa”. Es el lugar que en las iglesias destina para la reserva del Santísimo Sacramento, es decir, de la Hostia Consagrada el día de Jueves Santo hasta la celebración de la muerte del Señor el Viernes Santo. Momento en que dicha forma se administra, expresando de esta forma la unión entre la Eucaristía y la Cruz.

Muchas personas en señal de amor a la Eucaristía visitan muchas Iglesias, rezando en cada una ante el Señor reservado en el monumento.

 El sacrificio de la cruz y el Sacrificio de la Misa

La muerte de Jesús en la Cruz es verdadero sacrificio.

Jesús es sacerdote (ofrece el sacrificio): no fue ofrecido al Padre por Pilato, o por Caifás, o por la multitud allí presente, ni por los que le clavaron el el madero. Fue El quien se entregó a Sí mismo porque quiso.

Jesús es víctima: derrama su propia sangre, que queda separada del cuerpo.

Muere en la cruz manifestando exteriormente –con palabras y obras- su amorosa entrega interior. Clavado en la cruz exclama: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” y poco antes de morir “Todo está cumplido”. Jesús ha hecho en todo la voluntad del Padre.

La santa Misa es el Sacrificio de Cuerpo y de la Sangre de Jesucristo que se ofrece a Dios por misterio del sacerdote en memoria y renovación del Sacrificio de la Cruz.

La santa Misa y el Sacrificio de la Cruz son el mismo y único sacrificio.

El mismo sacerdote. La misma víctima. La misma entrega interior de Jesús (=oblación). El mismo amor a la voluntad del Padre.

Sólo cambia la manifestación externa de esta misma entrega.

En el calvario la manifestación externa el la pasión y muerte.

En la Misa la manifestación externa es la separación sacramental, no cruenta, del Cuerpo y de la Sangre de Cristo mediante la conversión del pan y vino en Cuerpo y Sangre de Cristo.

Madre mía enséñame a pronunciar un sí como el tuyo y como el de Jesús. Estar en Misa es estar en el calvario. No quiero que te falte mi compañía. Con más amor a Jesús venceré las dificultades que tengo para ir. Ayúdame.

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