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La esencia de la navidad

Te recomiendo para esta navidad un pequeño vídeo, que no puedo cargar como otras veces, pero que puedes ver pinchando aquí.

http://www.youtube.com/watch?v=yXmqMFmwd50

Los tres árboles

Los sueños de los apóstoles respecto al triunfo de Cristo se cumplieron de forma diferente a como ellos habían imaginado, pero mucho más plena. Se dieron cuenta después de la resurrección. Lo mismo nos pasa a cada uno en nuestras vidas. No conseguimos ver lo que Dios nos tiene preparado si abrazamos nuestra cruz, hasta que no ha pasado todo. Hay que perseverar junto a Dios, para poder verlo.

Nos lo explica este “cuento”.

Había una vez, sobre un colina en un bosque, tres árboles. Con el murmullo de sus hojas, movidas por el viento, se contaban sus ilusiones y sus sueños. El primer árbol dijo: “Algún día yo espero ser un cofre, guardián de tesoros. Se me llenará de oro, plata y piedras preciosas. Estaré adornado con tallas complicadas y maravillosas, y todos apreciarán mi belleza“. El segundo árbol contestó: “Llegará un día en que yo seré un navío poderoso. Llevaré a reyes y reinas a través de las aguas y navegaré hasta los confines del mundo. Todos se sentirán seguros a bordo, confiados en la resistencia de mi casco”. Finalmente, el tercer árbol dijo: “Yo quiero crecer hasta ser el árbol más alto y derecho del bosque. La gente me verá sobre la colina, admirando la altura de mis ramas, y pensarán en el cielo y en Dios, y en lo cerca que estoy de El. Seré el árbol más ilustre del mundo, y la gente siempre se acordará de mí”. 

Después de años de rezar para que sus sueños se realizasen, un grupo de leñadores se acercó a los árboles. Cuando uno se fijó en el primer árbol, dijo: “Este parece un árbol de buena madera. Estoy seguro de que puedo venderlo a un carpintero”. Y empezó a cortarlo. El árbol quedó contento, porque estaba seguro de que el carpintero haría con él un cofre para un tesoro. Ante el segundo árbol, otro leñador dijo: “Este es un árbol resistente y fuerte. Seguro que puedo venderlo a los astilleros”. El segundo árbol lo oyó satisfecho, porque estaba seguro de que así empezaba su camino para convertirse en un navío poderoso. Cuando los leñadores se acercaron al tercer árbol, él se asustó, porque sabía que, si lo cortaban, todos sus sueños se quedarían en nada. Un leñador dijo: “No necesito nada especial de mi árbol. Me llevaré éste”. Y lo cortó. Cuando el primer árbol fue llevado al carpintero, lo que hizo con él fue un comedero de animales. Lo pusieron en un establo, y lo llenaron de heno. No era esto lo que él había soñado, y por lo que tanto había rezado. Con el segundo árbol se construyó una pequeña barca de pescadores. Todas sus ilusiones de ser un gran navío, portador de reyes, se acabaron. Al tercer árbol simplemente lo cortaron en tablones, y lo dejaron contra una pared. Pasaron los años, y los árboles se olvidaron de sus sueños. Pero un día un hombre y una mujer llegaron al establo. Ella dio a luz, y colocaron al niño sobre el heno del pesebre que había sido hecho con la madera del primer árbol. El hombre querría haber hecho una pequeña cuna para el niño, pero tenía que contentarse con este pesebre. El árbol sintió que era parte de algo maravilloso, y que se le había concedido tener el mayor tesoro de todos los tiempos. Años más tarde, varios hombres se subieron a la barca hecha con la madera del segundo árbol. Uno de ellos estaba cansado, y se durmió. Mientras cruzaban un lago, se levantó una tormenta fortísima y el árbol pensaba que no iba a resistir lo suficiente para salvar a aquellos hombres. Los otros despertaron al que estaba dormido. El se levantó, y dijo: “¡Cállate!”, y la tormenta se apaciguó. Entonces el árbol se dio cuenta de que en la barca iba el Rey de reyes. Finalmente, tiempo después, se acercó alguien a coger los tablones del tercer árbol. Unió dos en forma de cruz, y se los pusieron encima a un hombre ensangrentado, que los llevó por las calles mientras la gente lo insultaba. Cuando llegaron a una colina, el hombre fue clavado en el madero, y levantado en el aire para que muriese en lo alto, a la vista de todos. Pero cuando llegó el siguiente Domingo, el árbol comprendió que había sido lo suficiente fuerte para estar sobre la cumbre y acercarse tanto a Dios como era posible, porque Jesús había sido crucificado en él. Ningún árbol ha sido nunca tan conocido y apreciado como el árbol de la Cruz. 

La parábola nos enseña que aun cuando parece que todo nos sale al revés, debemos estar seguros de que Dios tiene un plan para nosotros. Si confiamos en El, nos dará los regalos más valiosos. Cada árbol obtuvo lo que deseaba y pedía, pero de otra manera mejor.

No nos es posible siempre saber qué prepara Dios para nosotros; pero debemos saber que sus planes no son los nuestros: son siempre mucho más sublimes.

(Anónimo inglés. Traducido por E.M. Carreira).

Domingo de Resurrección

Celebramos la Resurrección del Señor que al tercer día de su muerte, tal como había anunciado, salió del sepulcro triunfante y glorioso para nunca más morir. Esta es la fiesta más importante del año. Su fecha está fijada en el Domingo siguiente al primer plenilunio del equinoccio de primavera, y de ella dependen todas las fiestas variables del calendario cristiano.

Jesús, vences el pecado con tu muerte y resurrección, así nos abres las puertas del cielo. ¡ ¡ ¡ Quiero estar allí en primera fila! ! !. Cuento con tu ayuda, gracias Jesús.

Con esto nos enseñas que también nosotros debemos vencer el pecado y cuidar la pureza de nuestra alma.

todo esto, ha servido para algo.

 Si Jesús está conmigo, tengo fuerza para decir no al mal.

Deja claro el camino en su Iglesia.

Jesús no me deja solo, se queda acompañandome en la Eucaristía cada día de mi vida.

Deja los Sacramentos para ayudarme a ir al cielo. Por ejemplo deja el Sacramento de la Confesión para poder pedir perdón cuando manche mi alma con el pecado.

He ganado una Madre, ¡y que Madre!, la Virgen.

Piensa tú y descubre mucho más

Sábado Santo

 

Jesús ha muerto, un soldado le abrió el costado con la lanza y al instante brotó sangre y agua. José de Arimatea y Nicodemo tomaron el cuerpo de Jesús, lo envolvieron en lienzos, con aromas, y lo colocaron en un sepulcro nuevo. Los apóstoles acuden a la Virgen, que les fortalece en la fe y en la esperanza de la resurrección de su Hijo.

Hoy es un día de dolor y soledad en la Iglesia, porque Jesús ha muerto y aún no ha resucitado.

Pero es también un día de esperanza y de gloria porque presentimos cercana la victoria de la Resurrección.

En la Vigilia Pascual por la noche, se empieza a celebrar la Resurrección de Jesucristo, que ocurrió el domingo al amanecer.

¿Estabas TÚ el día que murió Jesús en la cruz?

Viernes Santo. Celebramos el día en que Jesucristo murió en la Cruz para salvarnos de nuestros pecados.

Lo celebramos principalmente, participando en los Oficios litúrgicos de esta tarde: lecturas de la Sagrada Pasión, adoración de la Santa Cruz y la Sagrada Comunión.

La Iglesia nos pide a los cristianos recibir la Eucaristía al menos una vez al año, por Pascua y confesarnos al menos una vez al año. Y lo hace porque así, nos asegura un alimento mínimo para nuestra alma.
 
¿Quién no se conmueve y se arrepiente viendo todo lo que va a ver?

 

Muchas personas tienen también la costumbre de rezar el Via Crucis, de participar en las procesiones para acompañar a Jesús en su camino, etc. 

 “El Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles; se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero a los tres días resucitará.” Mt 10, 33-34. “Porque el Hijo de Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención por muchos” Mt 10, 45.

Cristo, como hombre que era, padeció todos los sufrimientos que se relatan en la pasión hace muchos siglos. Pero como Dios, es eterno, no tiene tiempo: no hay para Dios un antes y un después. Todo está presente ahora delante de Él. Es igual el año 580 que el 1990 o el 3150.

Y en el año 30, cuando cargó con la cruz, cuando le metieron un clavo, cuando vivió cada uno de sus dolores, tenía presente en lo íntimo de su ser todo lo que yo –y cualquier otro hombre- hacemos ahora y en cualquier momento de la historia. Por eso en el año 30 TÚ ESTABAS PRESENTE EN LA PASIÓN. (JP Manglano).

Con tus elecciones en tu vida de ahora respecto a la verdad, al bien y a el lugar que ocupa Dios en tu vida, actúas como alguno de los personajes que actúan en el evangelio.

¿dónde eliges estar?

  • Para personas bautizadas que conocen a Jesús.

 Con Juan, que acompañó a la Virgen y al Señor durante todo el camino.

Con las Santas mujeres, que consolaron a la Virgen y a Jesús.

Con los discípulos, que huyeron muertos de miedo y solo creyeron cuando vieron la resurrección.

Con Pedro, que negó ser discípulo de Jesús por miedo y arrepentido le pidió perdón. Desde entonces tuvo mucha fuerza y pudo ser cabeza de la Iglesia y dar su vida por Jesús.

Con Judas, que traicionó al Señor y no se atrevió a pedirle perdón. Se desesperó.

  •  Para personas bautizadas que no conocen a Jesús y no bautizadas.

Con el centurión, aunque no conoce a Jesús, observa, piensa y dice “verdaderamente este era Hijo de Dios”.

Con el Buen Ladrón, peca pero es humilde y lo reconoce. Gana el cielo al instante pidiendo perdón.

Con Simón de Cirene, le fuerzan a ayudar a Jesús a llevar la cruz, y encuentra la fe.

Con los judíos que condenan a Jesús, quieren eliminarlo y empiezan a gritar para que le condenen.

Con Pilato, sabe que es inocente pero no quiere quedar mal con los judíos ni con Roma.

Con personas que condenan, se dejan llevar por lo que grita la mayoría, algunos han sido curados por Jesús.

Con las personas insensibles, que pasan por allí, ven y permanecen indiferentes a todo lo que está pasando.

Padecimientos de Jesús por orden cronológico el Viernes Santo.

Al amanecer el Sanedrín en pleno, vuelve a condenar a Jesús. Lc 22, 66-71.

Llevan a Jesús ante Pilato, ante Herodes y de nuevo ante Pilato. Lc 23, 1-25.

Flagelan y ponen una corona de espinas a Jesús, mientras le insultan. Jn 19, 1-3.

“Ecce Homo”: he aquí al hombre. Pilatos intenta que los judíos se den por satisfechos con la flagelación, pero todos gritan pidiendo que le crucifiquen. Jn19, 5-6

Pilato condena a Jesús a muerte de cruz, después de haber proclamado tres veces su inocencia. Jn 19,16

Jesús carga con la cruz, comienza a subir al Calvario. Lc 23, 26-32.

 Jesús muere en la cruz. Esta tarde es bajado de la cruz y sepultado. Mt 27, 50 y 60.

Última Cena

 

Jueves Santo. Celebramos la Última Cena de Jesús con los Apóstoles, cuando el Señor instituyó la Sagrada Eucaristía y el sacerdocio católico, al convertir el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre y decir después a los Apóstoles “Haced esto en conmemoración mía”. Recordamos también el lavatorio de los pies y el Mandamiento nuevo. (Jn 6, 35. Lc 22, 14-20 y Mt 26, 26-29).

1200 años antes de la muerte de Jesús, el pueblo de Israel era esclavo del pueblo egipcio. El comportamiento del pueblo egipcio no era bueno. Dios eligió una noche, para castigarles. En esa noche, un ángel quitaría la vida a los primogénitos de cada casa. Dios prometió a Moisés que la muerte “pasaría de largo” en las casas del pueblo de Israel que fuesen rociadas con “sangre de cordero” en sus “puertas”; la sangre los salvaría Recibieron también el mandato de comer el cordero. Después de esa noche, Dios ayudó a Moisés a escaparse con su pueblo de la esclavitud de Egipto. (Ex Cáp. 11 y 12). Los judíos conmemoran -cada año- este acontecimiento como la Pascua judía.

Después de más de mil años, Jesús comenzó su propia pasión celebrando la Pascua judía con sus discípulos, el Jueves Santo. El cordero (la víctima del sacrificio) sería Él mismo, que ofrece su cuerpo y sangre. Nos libra esta vez de la esclavitud del pecado.

Con esto Jesús dio a la Pascua su completo significado: al verter su sangre –la sangre del cordero de Dios sin pecado-, el pecado y la muerte quedaron definitivamente vencidos.

La Pascua judía es una profecía de la muerte de Cristo en la Cruz. Los seguidores de Jesús, rociarían la cruz (= puertas) con la sangre de Jesús, el Cordero perfecto. Todos los que aceptan a Cristo y guardan sus mandamientos serán salvados por su sangre; la muerte “pasará de largo” ante ellos porque tienen la vida eterna. Jesús transformó en Eucaristía el alimento en el que ahora recibimos su cuerpo bajo la apariencia de pan, y el cáliz de su sangre bajo la apariencia de vino, salvándonos de la muerte eterna.

Jesús dijo que deseaba ardientemente celebrar la Pascua con sus discípulos, porque les quería mucho. Nosotros lo celebramos principalmente participando en la Misa Vespertina de la Cena de Señor y después visitando a Jesús en los Monumentos. Quiero desearlo ardientemente, como Jesús.

Padecimientos de Jesús por orden cronológico el Jueves Santo.

La oración de Jesús en el Huerto. Jn 18.

Entrada la noche Judas le traiciona con un beso. Apresan a Jesús como a un delincuente.

Llevan a Jesús a casa de Anás y Caifás. Se reúnen sacerdotes y ancianos y le condenan a muerte. Y empezaron a escupirle y a darle bofetadas. Mc 14, 64 ss.

Pedro niega conocer a Jesús. Mc, 14, 67 ss. Lc 22, 61-62. “Antes de que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.””El Señor se volvió y miró a Pedro” Pedro” salió fuera y lloró amargamente.”

¿Qué relación hay entre la Eucaristía y la Cruz?

 

Se acercan el Jueves y el Viernes Santo. En los que se nos entrega el Señor en la Eucaristía y en la Cruz.

En estos días podrás acompañar al Señor en el “monumento de Semana Santa”. Es el lugar que en las iglesias destina para la reserva del Santísimo Sacramento, es decir, de la Hostia Consagrada el día de Jueves Santo hasta la celebración de la muerte del Señor el Viernes Santo. Momento en que dicha forma se administra, expresando de esta forma la unión entre la Eucaristía y la Cruz.

Muchas personas en señal de amor a la Eucaristía visitan muchas Iglesias, rezando en cada una ante el Señor reservado en el monumento.

 El sacrificio de la cruz y el Sacrificio de la Misa

La muerte de Jesús en la Cruz es verdadero sacrificio.

Jesús es sacerdote (ofrece el sacrificio): no fue ofrecido al Padre por Pilato, o por Caifás, o por la multitud allí presente, ni por los que le clavaron el el madero. Fue El quien se entregó a Sí mismo porque quiso.

Jesús es víctima: derrama su propia sangre, que queda separada del cuerpo.

Muere en la cruz manifestando exteriormente –con palabras y obras- su amorosa entrega interior. Clavado en la cruz exclama: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” y poco antes de morir “Todo está cumplido”. Jesús ha hecho en todo la voluntad del Padre.

La santa Misa es el Sacrificio de Cuerpo y de la Sangre de Jesucristo que se ofrece a Dios por misterio del sacerdote en memoria y renovación del Sacrificio de la Cruz.

La santa Misa y el Sacrificio de la Cruz son el mismo y único sacrificio.

El mismo sacerdote. La misma víctima. La misma entrega interior de Jesús (=oblación). El mismo amor a la voluntad del Padre.

Sólo cambia la manifestación externa de esta misma entrega.

En el calvario la manifestación externa el la pasión y muerte.

En la Misa la manifestación externa es la separación sacramental, no cruenta, del Cuerpo y de la Sangre de Cristo mediante la conversión del pan y vino en Cuerpo y Sangre de Cristo.

Madre mía enséñame a pronunciar un sí como el tuyo y como el de Jesús. Estar en Misa es estar en el calvario. No quiero que te falte mi compañía. Con más amor a Jesús venceré las dificultades que tengo para ir. Ayúdame.