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¿Estabas TÚ el día que murió Jesús en la cruz?

Viernes Santo. Celebramos el día en que Jesucristo murió en la Cruz para salvarnos de nuestros pecados.

Lo celebramos principalmente, participando en los Oficios litúrgicos de esta tarde: lecturas de la Sagrada Pasión, adoración de la Santa Cruz y la Sagrada Comunión.

La Iglesia nos pide a los cristianos recibir la Eucaristía al menos una vez al año, por Pascua y confesarnos al menos una vez al año. Y lo hace porque así, nos asegura un alimento mínimo para nuestra alma.
 
¿Quién no se conmueve y se arrepiente viendo todo lo que va a ver?

 

Muchas personas tienen también la costumbre de rezar el Via Crucis, de participar en las procesiones para acompañar a Jesús en su camino, etc. 

 “El Hijo del Hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles; se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán, pero a los tres días resucitará.” Mt 10, 33-34. “Porque el Hijo de Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención por muchos” Mt 10, 45.

Cristo, como hombre que era, padeció todos los sufrimientos que se relatan en la pasión hace muchos siglos. Pero como Dios, es eterno, no tiene tiempo: no hay para Dios un antes y un después. Todo está presente ahora delante de Él. Es igual el año 580 que el 1990 o el 3150.

Y en el año 30, cuando cargó con la cruz, cuando le metieron un clavo, cuando vivió cada uno de sus dolores, tenía presente en lo íntimo de su ser todo lo que yo –y cualquier otro hombre- hacemos ahora y en cualquier momento de la historia. Por eso en el año 30 TÚ ESTABAS PRESENTE EN LA PASIÓN. (JP Manglano).

Con tus elecciones en tu vida de ahora respecto a la verdad, al bien y a el lugar que ocupa Dios en tu vida, actúas como alguno de los personajes que actúan en el evangelio.

¿dónde eliges estar?

  • Para personas bautizadas que conocen a Jesús.

 Con Juan, que acompañó a la Virgen y al Señor durante todo el camino.

Con las Santas mujeres, que consolaron a la Virgen y a Jesús.

Con los discípulos, que huyeron muertos de miedo y solo creyeron cuando vieron la resurrección.

Con Pedro, que negó ser discípulo de Jesús por miedo y arrepentido le pidió perdón. Desde entonces tuvo mucha fuerza y pudo ser cabeza de la Iglesia y dar su vida por Jesús.

Con Judas, que traicionó al Señor y no se atrevió a pedirle perdón. Se desesperó.

  •  Para personas bautizadas que no conocen a Jesús y no bautizadas.

Con el centurión, aunque no conoce a Jesús, observa, piensa y dice “verdaderamente este era Hijo de Dios”.

Con el Buen Ladrón, peca pero es humilde y lo reconoce. Gana el cielo al instante pidiendo perdón.

Con Simón de Cirene, le fuerzan a ayudar a Jesús a llevar la cruz, y encuentra la fe.

Con los judíos que condenan a Jesús, quieren eliminarlo y empiezan a gritar para que le condenen.

Con Pilato, sabe que es inocente pero no quiere quedar mal con los judíos ni con Roma.

Con personas que condenan, se dejan llevar por lo que grita la mayoría, algunos han sido curados por Jesús.

Con las personas insensibles, que pasan por allí, ven y permanecen indiferentes a todo lo que está pasando.

Padecimientos de Jesús por orden cronológico el Viernes Santo.

Al amanecer el Sanedrín en pleno, vuelve a condenar a Jesús. Lc 22, 66-71.

Llevan a Jesús ante Pilato, ante Herodes y de nuevo ante Pilato. Lc 23, 1-25.

Flagelan y ponen una corona de espinas a Jesús, mientras le insultan. Jn 19, 1-3.

“Ecce Homo”: he aquí al hombre. Pilatos intenta que los judíos se den por satisfechos con la flagelación, pero todos gritan pidiendo que le crucifiquen. Jn19, 5-6

Pilato condena a Jesús a muerte de cruz, después de haber proclamado tres veces su inocencia. Jn 19,16

Jesús carga con la cruz, comienza a subir al Calvario. Lc 23, 26-32.

 Jesús muere en la cruz. Esta tarde es bajado de la cruz y sepultado. Mt 27, 50 y 60.

Adoración al Santísimo Sacramento

Los cristianos creemos en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

 Esto significa que sabemos que está allí presente Cristo como una persona realmente presente: nos ve, nos oye, nos espera, se acerca y nos busca, se inmola por nosotros en la Santa Misa. Aunque no le vemos con los ojos, por la fe sabemos que está ahí.

 En los ratos de bendición y exposición del Santísimo manifestamos nuestra fe adorando a Jesucristo expuesto sobre el altar en una Custodia.

 La adoración es reconocer que Jesús es mi Señor, que Jesús me señala el camino que debo tomar, me hace comprender que sólo vivo bien si conozco el camino indicado por él, sólo si sigo el camino que él me señala.

 Los primeros viernes de mes, hay costumbre de hacer velas al Santísimo en muchos lugares del mundo.

Algunos días del año, por ejemplo en la fiesta del Corpus Christi esa bendición va acompañada por las procesiones con el Santísimo en las que le llevamos por las calles de la ciudad, danto testimonio de nuestra fe.

¿Te has enterado de lo que está pasando?

Miles de personas se están uniendo para rezar

 MILES DE ROSARIOS EN EL MUNDO

POR LOS SACERDOTES

 ¿contamos los tuyos?

 MAYO 2010

El universo en un vaso de agua

“Es Él quien hace que mis huesos sean firmes, que mi carne viva, que mis neuronas funcionen, que mi alma exista, piense, y ame. Él está dentro de mí.”

 

 

La PRESENCIA DE DIOS es adquirir conciencia de que tengo a Dios en mis entrañas. Existo porque Dios me quiere. Vivo en el interior de esa mirada amorosa e ilusionada de Dios que me da la existencia.

 

Nuestra existencia es fruto de una elección de Dios, que nos ha llamado a la vida y al amor. Cada uno realiza esta vocación personal a través de sus respuestas.

Somos el fruto de un acto de amor de Dios. Existimos porque Dios nos mira y nos ama. Y Dios nos ha hecho capaces de conocer y de responder a ese Amor. Nos ha creado inteligentes y libres, para que podamos tener un diálogo de amor con Él.

Yo soy aquel que puede ir respondiendo a Dios, realizando a lo largo de la vida ese proyecto que Dios ha pensado con todo cariño para mí.

La vida es un diálogo continuo, con palabras y hechos, entre Dios y la persona humana.

  “¿Acaso no se venden por un as dos pajarillos? Sin embargo, ni uno de ellos cae a tierra sin permitirlo vuestro Padre. Y en vosotros, hasta los cabellos de la cabeza están todos contados. Así que no tengáis miedo”        (Mateo, 10, 2931),

La cercanía de Dios… nos hace comprender la esencia de todas las religiones:

LA ADORACIÓN.  Adorar es decir: “Jesús, yo soy tuyo y te sigo en mi vida; no quisiera perder jamás esta amistad, esta comunión contigo”.

 

Adorar es, en su esencia, un abrazo con Jesús, en el que le digo: “Yo soy tuyo y te pido que tu también estés siempre conmigo”.  Benedicto XVI

 

LA ORACIÓN. Es el reconocimiento de nuestros límites y de nuestra dependencia: venimos de Dios, somos de Dios y retornamos a Dios. Por tanto, no podemos menos de abandonarnos a El, nuestro Creador y Señor, con plena y total confianza.  

 

Es, ante todo, un acto de inteligencia, un sentimiento de humildad y reconocimiento, una actitud de confianza y de abandono en Aquel que nos ha dado la vida por amor.

 

La oración es un diálogo misterioso, pero real, con Dios, un diálogo de confianza y amor.  Juan Pablo II.

 

EL SACRIFICIO. La esencia del sacrificio consiste en renunciar a algo que nosotros podríamos utilizar en nuestro propio beneficio, y dedicárselo a Dios. Esto es como decirle “me importas más que yo mismo”, “te agradezco lo que te debo, dando lo poco que puedo”.

 

Todo el valor sobrenatural de nuestras obras, se realiza cuando unimos nuestras vidas a la de Cristo en el Sacrificio de la Misa.

 

Las gotas de agua que se mezclan con el vino en el Ofertorio significan esa vida nuestra que se une al sacrificio de Cristo. Del mismo modo que el agua se mezcla y se une al vino, así nuestras vidas y obras se unen a Cristo y se ofrecen a Dios Padre.

 

Este texto contiene algunos extractos de un libro que te recomiendo: “Un bicho en busca de Dios” de Mikel Gotzon Santamaría.

¿Sigue vivo Dios …… en Haití?

   

Ante tanto desastre que sigue aumentando se me viene a la cabeza esta pregunta, título de un buen libro que te recomiendo escrito por J.P Manglano y M. Santamaría.   

    

Trascribo algunas ideas respecto al “misterio del dolor” que pueden ayudar a una aceptación acompañada, aunque no pueda ser del todo comprendida.     

    

Dios ha hecho el mundo así: bueno y para vivir. De hecho, en los planes originales de Dios, el hombre estaba libre de las enfermedades, del dolor, de la ignorancia e incluso de la muerte. Después de un tiempo de vida, necesario para madurar en el amor, el hombre pasaría directamente, sin pasar por la muerte, a ese estado de plenitud definitiva que es el Cielo.   

    

Pero el hombre se rebeló contra Dios. La muerte y el mal entraron en el mundo como consecuencia del pecado. Y la gran cantidad de miserias y males que hay hoy en el mundo es fruto de nuestros pecados. Nos podemos preguntar cómo puede Dios permitir que los hombres cometamos tantas maldades.   

   

    

Al pensar en esto, hay que tener en cuenta que el primero que sufre con los males del mundo es Dios.    

    

Para darse cuenta de que sufre, no hay más que ver lo que ha hecho para remediar esos males: hacerse hombre y padecer en su propia carne las consecuencias del pecado, hasta morir en la Cruz para salvarnos.”   

    

“El dolor siempre tiene algo que decirnos. El verdadero dolor –decía Dostoievski–, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor.    

    

El sufrimiento une a las personas, las abre a la compasión, y las hace volverse en busca de las causas de las cosas. Las hace más comprensivas, más sensibles a la pena y a la soledad de otros. Es quizá uno de los principales ingredientes de la maduración afectiva de las personas. Por eso decía Tommaseo que el hombre a quien el dolor no educó, siempre será un niño.” A.Aguiló.   

    

    

Dios no causa el dolor, pero es 100% solidario con él y nos ayuda a sacar del sufrimiento grandes bienes. A través del dolor y de nuestro esfuerzo en solucionarlo viene en nuestra ayuda, y no reconocerla es cegar la fuente del autentico consuelo.   

  

  

No somos indiferentes a tanto sufrimiento, por eso enviamos ayuda a todos los afectados con nuestras oraciones y en la medida de nuestras posibilidades aportaciones para mitigar las consecuencias de este desastre.   

  

 

Arregla el telefonillo

A veces pensamos que para comunicarse con Dios hace falta tener experiencias extraordinarias. Y la verdad es que comunicarse con Dios es tan sencillo como usar el telefonillo.

Dios no pide a nadie sin su permiso su compañía, y menos para siempre. Por eso “porque nos da la gana” nos acercamos ya a Dios con la ayuda de un “magnifico telefonillo”: la oración mental. Para que Dios pueda guiarnos en nuestro camino  hacia la buena vida.

 Te doy unos consejos de la mano de San Josemaría para que estrenes o reestrenes (si olvidaste que lo tenías) tu telefonillo:

Camino 90. ¿Que no sabes orar? -Ponte en la presencia de Dios, y en cuanto comiences a decir: “Señor, que no sé hacer oración!…”, está seguro de que has empezado a hacerla.

Camino 91. Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” -¿De qué? De El, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias…, flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: ” tratarse!”

Surco 446. Meditación. –Tiempo fijo y a hora fija. -Si no, se adaptará a la comodidad nuestra: esto es falta de mortificación. Y la oración sin mortificación es poco eficaz.

Surco 464. Mira qué conjunto de razonadas sinrazones te presenta el enemigo, para que dejes la oración: “me falta tiempo” -cuando lo estás perdiendo continuamente-; “esto no es para mí”, “yo tengo el corazón seco”… La oración no es problema de hablar o de sentir, sino de amar. Y se ama, esforzándose en intentar decir algo al Señor, aunque no se diga nada.

Surco 465. “Un minuto de rezo intenso; con eso basta”. -Lo decía uno que nunca rezaba. -¿Comprendería un enamorado que bastase contemplar intensamente durante un minuto a la persona amada?

Forja. 62. No se ha limitado el Señor a decirnos que nos ama: sino que nos lo ha demostrado con las obras, con la vida entera. -¿Y tú?

Forja 73. La oración –recuérdalo ¡no consiste en hacer discursos bonitos, frases grandilocuentes o que consuelen… Oración es a veces una mirada a una imagen del Señor o de su Madre; otras, una petición, con palabras; otras, el ofrecimiento de las buenas obras, de los resultados de la fidelidad…

Como el soldado que está de guardia, así hemos de estar nosotros a la puerta de Dios Nuestro Señor: y eso es oración. O como se echa el perrillo, a los pies de su amo. No te importe decírselo: Señor, aquí me tienes como un perro fiel; o mejor, como un borriquillo, que no dará coces a quien le quiere.

Forja 81. Has de ser constante y exigente en tus normas de piedad, también cuando estás cansado o te resultan áridas. Persevera! Esos momentos son como los palos altos, pintados de rojo que, en las carreteras de montaña, cuando llega la nieve, sirven de punto de referencia y señalan, siempre!, dónde está el camino seguro.

Forja 84. Busca a Dios en el fondo de tu corazón limpio, puro; en el fondo de tu alma cuando le eres fiel, y no pierdas nunca esa intimidad! -Y, si alguna vez no sabes cómo hablarle, ni qué decir, o no te atreves a buscar a Jesús dentro de ti, acude a María, “tota pulchra” -toda pura, maravillosa-, para confiarle: Señora, Madre nuestra, el Señor ha querido que fueras tú, con tus manos, quien cuidara a Dios: enséñame -enséñanos a todos ¡a tratar a tu Hijo!

Camino 1. Que tu vida no sea una vida estéril. –Sé útil. -Deja poso. -Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor. Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. -Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón.