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La oveja autopastora

 

Cuando me aficioné al monte y tras unas cuantas caminatas, no pude dejar de preguntarme porqué montañeros que parecían expertos se asesoraban, pensaban, reorientaban sus pasos … en muchos momentos durante cada ruta. ¿Quizá por su inseguridad, poca memoria o torpeza? En cualquier caso tanta meditación, me parecía demasiado trabajo.

Yo prefería lo espontáneo, la intuición, dejarme llevar por lo que fuera brotando. Gracias a este poco original principio, tuve mi primera y emocionante experiencia de persona perdida en el monte, con lo puesto, que te aseguro no fue divertida.  Y menos entretenido aún, el montaje que supuso mi rescate.

Si tú has vivido algo parecido, te habrás dado cuenta de que el campo visual del hombre tiene una capacidad limitada. Se reduce a lo que tenemos un poco más allá de “nuestra propia nariz”. Para que las personas podamos llegar a buen puerto con esa manera de ver, necesitamos ayuda.

Un mapa que marque el camino. Una brújula que oriente sobre nuestra situación en el mapa. Una cuerda que nos aporte la fuerza que necesitamos y no tenemos para algunas subidas.  Cuento con la intuición, la espontaneidad y lo que a mi se me ocurre, pero no son la única herramienta.

En la vida espiritual sucede lo mismo. El hombre tiende a reducir la realidad a lo que él puede ver y comprender. Tiene el gran peligro de no contar también con todo lo que queda fuera de ese estrecho margen, y por tanto de vivir en una realidad parcial que prescinde de grandes ayudas.

Para remediar este problema,

Dios pone a nuestro alcance a través de la Iglesia

 

  • Su mapa. Los mandamientos. Que potencian mi inteligencia ayudándome a reconocer lo bueno y lo malo.
  • Su brújula. La dirección espiritual que es luz y muleta, imprescindible para conocerme, conocerle y seguir el mapa.
  • Su cuerda. La Eucaristía, la confesión y otros sacramentos que nos dan la GRACIA para fortalecer la voluntad.

 

Elegir mapa, brújula y cuerda adecuados es caminar acompañado y por lugar seguro. Aumentar las posibilidades de acertar con la meta. En definitiva SER FELIZ.