El hombre que hacía milagros

Recorremos durante los tiempos del año litúrgico la vida de Jesús. Después de la resurrección es tiempo de Pascua, y todo lo que sucedió anteriormente adquiere su más profundo sentido.  

El hombre que hacía milagros es una película excepcional para grandes y pequeños que relata la vida de Jesús.

En ella se puede ser testigo de el quécómoporqué y en el minuto 122 el para qué de todo el relato.

Precisamente en ese momento empieza nuestra participación más activa en esta historia. La Iglesia, que somos cada uno, tenemos el encargo de continuar su misión a través de nuestras propias vidas.

Resuenan con fuerza en nuestro corazón las palabras de Jesús antes de la Ascensión: “Id por toda la tierra y haced discípulos en todas las naciones, (…) el Espíritu Santo vendrá sobre vosotros (…) y yo siempre estaré a vuestro lado hasta la consumación de los siglos.

Jesús asciende al cielo y así nos abre el camino de unión con Dios que todos estamos llamados a recorrer. Sigue a nuestro lado, pero para verle y permitirle que se manifieste a través nuestro necesitamos tener bien abiertos los ojos de la fe. Por eso necesitamos la acción urgente del Espiritu Santo que acude el día de Pentecostés para edificar esa Iglesia visible de un Jesús aparentemente invisible.

Al Espíritu Santo, que recibimos especialmente en el Sacramento de la Confirmación, y que nos asiste a lo largo de nuestra vida acudimos con esta oración compuesta por San Josemaría:

 

“¡Ven, oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos: fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo: inflama mi voluntad… He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

 

¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….”

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Lorca y Japón

De nuevo, en poco tiempo y en distintas partes del mundo la tierra nos juega una mala pasada, de la que sabemos que es costoso recuperarse.

En todo este desastre todo el mundo se vuelca. Hay un terremoto muy superior al que produce daño material. Es el terremoto de miles de iniciativas solidarias de oración y acción para subsanar tanto daño.

Este mal va a generar mucho bien, gracias a la generosidad de mucha gente. Pasado el tiempo y superada la dificultad, los habitantes de Lorca recordarán el duelo por lo perdidola alegría de produce el calor de una solidaridad que ni imaginaban que existía y la insustituible ayuda de Dios para superar esta difícil circunstancia.

Fátima y Juan Pablo II

No se puede recorrer la vida de Juan Pablo II sin encontrarse en ese camino la presencia maternal de la Virgen.

Y uno de sus gestos de madre,

le salvó la vida. 

 

Hace 30 años, el 13 de mayo de 1981 Juan Pablo II -que llevaba poco más de dos años como Pontífice- sufrió un atentado de mano del turco Alí Agca en la Plaza San Pedro.

Esta fecha coincide con el aniversario del día en que la Virgen se apareció a tres niños en Fátima. Durante su convalecencia, el Papa pidió un informe sobre las apariciones de Fátima, lo estudió en detalle y llegó a la conclusión que debía su vida a la amorosa intercesión de la Virgen.

Un año después del atentado, el 13 de mayo de 1982, Juan Pablo II viajó por primera vez a Fátima para “agradecer a la Virgen su intervención para la salvación de mi vida y el restablecimiento de mi salud”.

Un año más tarde, Juan Pablo II donó al santuario de Fátima la bala que le extrajeron, que está engarzada en la aureola de la corona de la imagen mariana que preside el santuario.

Juan Pablo II consagró solemnemente el mundo entero al corazón inmaculado de María, siguiendo una de las recomendaciones dadas por la Virgen a los pastorcitos. Tras un encuentro con la hermana Lucía, la tercera vidente y única sobreviviente de Fátima, Juan Pablo II repitió la consagración dos años más tarde junto a todos los Obispos del mundo.

¿Qué pidió la Virgen en Fátima?

Además de peticiones concretas el mensaje de Fátima contiene un aspecto de exigenca universal: es necesario desagraviar al Señor por todos los pecados cometidos, hacer penitencia, rezar el Rosario, difundir la devoción la Corazón Inmaculado de María, y rezar mucho por el Papa.

Podemos repetir lo que decían los pastorcitos:

“Dios mío, yo creo, yo adoro y yo te amo!, te pido perdón por aquellos que no creen, no adoran, no confían y no te aman!”

“¡Oh santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo! Yo os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes con que El es ofendido; y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón e intercesión del Inmaculado Corazón de María, os pido la conversión de los pecadores.”

Si quieres saber más pincha aquí.

El rostro de la Virgen en distintas partes del mundo

Ayer hablando con Laura le pregunté cómo se vive en su familia en el mes de Mayo, porque se que quieren mucho a la Virgen y estaba segura de que le harían algo especial.

Como ya me suponía, no me decepcionaron ni Laura y ni su familia.

“El mes de Mayo se vive en mi casa como todos los meses. Solamente que antes de la cena, nos encontramos en el cuarto de estar y sacamos el álbum de la Virgen. El famoso álbum es una colección  de distintas advocaciones de la Virgen en todo el mundo. Cada día le toca a uno leer la que más le guste que no se haya leído y después rezamos el rosario. Los más pequeños rezan algún misterio y los mayores lo rezamos entero. Nos encanta leer la historia de cada advocación y siempre añadimos alguna nueva.”

¡Buena forma de celebrar el mes de mayo en familia.!   

En el colegio Erain unos alumnos de secundaria han hecho un trabajo que te va a gustar mucho. Es un reportaje mundial sobre la Virgen, para que la familia de Laura y otros muchos que se unan a esta idea, engorde su álbum. Les damos la enhorabuena.

Puedes verlo en este enlace:

Imágenes de la Santísima Virgen en los 5 continentes.

Santo Súbito

Esto pedimos para Juan Pablo II el día de su muerte, millones de personas en el mundo entero, unidas por la impresión de la huella de una vida santa en cada uno de nuestro corazones.

Impresión que a partir de ahora seguirá aumentando en tantos otros gracias a su beatificación.

El viernes primero de abril de 2005, Juan Pablo II estaba en agonía en su habitación del Vaticano. Le comunicaron que había miles de jóvenes en la plaza de San Pedro y en todo el mundo, acompañándole con su oración en esos momentos. Emocionado, el Santo Padre nos dirigió sus últimas palabras:

“os he buscado tantas veces…

ahora vosotros habéis venido a mí,

y yo os lo agradezco.”

 

Nuestro Papa de la Paz, el Papa de los jóvenes, no se ha ido, ahora nos ayuda más desde el cielo. Ha dado su vida por Cristo, por la Iglesia, por mí. Queremos seguir su ejemplo.

¡Qué sentimientos tan parecidos a los de tu corazón, Jesús! Nos buscas siempre, sin cansarte. De muchas formas diferentes sales a nuestro encuentro, lo das todo por nosotros. Y cuando por fin tienes respuesta tu corazón se enternece, se alegra, siente consuelo, se llena de agradecimiento, quiere necesitar del nuestro.

Queremos ser discípulos tuyos. Como los apóstoles, como Juan Pablo II, como tantos santos que te han querido a lo largo de la Historia. Buscarte, encontrarte y amarte. Pero solos no podemos, necesitamos acercarnos perseverantemente a la oración, beber la gracia de los Sacramentos y cogernos de la mano de la Virgen, especialmente en su mes de mayo

para poder seguir el grito que nos ha dado fuerza tantas veces

¡No tengáis miedo,

abrir de par en par las puertas a Cristo.!

Madre mía, siempre que lo necesitamos estás. Ayúdanos.

Los tres árboles

Los sueños de los apóstoles respecto al triunfo de Cristo se cumplieron de forma diferente a como ellos habían imaginado, pero mucho más plena. Se dieron cuenta después de la resurrección. Lo mismo nos pasa a cada uno en nuestras vidas. No conseguimos ver lo que Dios nos tiene preparado si abrazamos nuestra cruz, hasta que no ha pasado todo. Hay que perseverar junto a Dios, para poder verlo.

Nos lo explica este “cuento”.

Había una vez, sobre un colina en un bosque, tres árboles. Con el murmullo de sus hojas, movidas por el viento, se contaban sus ilusiones y sus sueños. El primer árbol dijo: “Algún día yo espero ser un cofre, guardián de tesoros. Se me llenará de oro, plata y piedras preciosas. Estaré adornado con tallas complicadas y maravillosas, y todos apreciarán mi belleza“. El segundo árbol contestó: “Llegará un día en que yo seré un navío poderoso. Llevaré a reyes y reinas a través de las aguas y navegaré hasta los confines del mundo. Todos se sentirán seguros a bordo, confiados en la resistencia de mi casco”. Finalmente, el tercer árbol dijo: “Yo quiero crecer hasta ser el árbol más alto y derecho del bosque. La gente me verá sobre la colina, admirando la altura de mis ramas, y pensarán en el cielo y en Dios, y en lo cerca que estoy de El. Seré el árbol más ilustre del mundo, y la gente siempre se acordará de mí”. 

Después de años de rezar para que sus sueños se realizasen, un grupo de leñadores se acercó a los árboles. Cuando uno se fijó en el primer árbol, dijo: “Este parece un árbol de buena madera. Estoy seguro de que puedo venderlo a un carpintero”. Y empezó a cortarlo. El árbol quedó contento, porque estaba seguro de que el carpintero haría con él un cofre para un tesoro. Ante el segundo árbol, otro leñador dijo: “Este es un árbol resistente y fuerte. Seguro que puedo venderlo a los astilleros”. El segundo árbol lo oyó satisfecho, porque estaba seguro de que así empezaba su camino para convertirse en un navío poderoso. Cuando los leñadores se acercaron al tercer árbol, él se asustó, porque sabía que, si lo cortaban, todos sus sueños se quedarían en nada. Un leñador dijo: “No necesito nada especial de mi árbol. Me llevaré éste”. Y lo cortó. Cuando el primer árbol fue llevado al carpintero, lo que hizo con él fue un comedero de animales. Lo pusieron en un establo, y lo llenaron de heno. No era esto lo que él había soñado, y por lo que tanto había rezado. Con el segundo árbol se construyó una pequeña barca de pescadores. Todas sus ilusiones de ser un gran navío, portador de reyes, se acabaron. Al tercer árbol simplemente lo cortaron en tablones, y lo dejaron contra una pared. Pasaron los años, y los árboles se olvidaron de sus sueños. Pero un día un hombre y una mujer llegaron al establo. Ella dio a luz, y colocaron al niño sobre el heno del pesebre que había sido hecho con la madera del primer árbol. El hombre querría haber hecho una pequeña cuna para el niño, pero tenía que contentarse con este pesebre. El árbol sintió que era parte de algo maravilloso, y que se le había concedido tener el mayor tesoro de todos los tiempos. Años más tarde, varios hombres se subieron a la barca hecha con la madera del segundo árbol. Uno de ellos estaba cansado, y se durmió. Mientras cruzaban un lago, se levantó una tormenta fortísima y el árbol pensaba que no iba a resistir lo suficiente para salvar a aquellos hombres. Los otros despertaron al que estaba dormido. El se levantó, y dijo: “¡Cállate!”, y la tormenta se apaciguó. Entonces el árbol se dio cuenta de que en la barca iba el Rey de reyes. Finalmente, tiempo después, se acercó alguien a coger los tablones del tercer árbol. Unió dos en forma de cruz, y se los pusieron encima a un hombre ensangrentado, que los llevó por las calles mientras la gente lo insultaba. Cuando llegaron a una colina, el hombre fue clavado en el madero, y levantado en el aire para que muriese en lo alto, a la vista de todos. Pero cuando llegó el siguiente Domingo, el árbol comprendió que había sido lo suficiente fuerte para estar sobre la cumbre y acercarse tanto a Dios como era posible, porque Jesús había sido crucificado en él. Ningún árbol ha sido nunca tan conocido y apreciado como el árbol de la Cruz. 

La parábola nos enseña que aun cuando parece que todo nos sale al revés, debemos estar seguros de que Dios tiene un plan para nosotros. Si confiamos en El, nos dará los regalos más valiosos. Cada árbol obtuvo lo que deseaba y pedía, pero de otra manera mejor.

No nos es posible siempre saber qué prepara Dios para nosotros; pero debemos saber que sus planes no son los nuestros: son siempre mucho más sublimes.

(Anónimo inglés. Traducido por E.M. Carreira).

Domingo de Resurrección

Celebramos la Resurrección del Señor que al tercer día de su muerte, tal como había anunciado, salió del sepulcro triunfante y glorioso para nunca más morir. Esta es la fiesta más importante del año. Su fecha está fijada en el Domingo siguiente al primer plenilunio del equinoccio de primavera, y de ella dependen todas las fiestas variables del calendario cristiano.

Jesús, vences el pecado con tu muerte y resurrección, así nos abres las puertas del cielo. ¡ ¡ ¡ Quiero estar allí en primera fila! ! !. Cuento con tu ayuda, gracias Jesús.

Con esto nos enseñas que también nosotros debemos vencer el pecado y cuidar la pureza de nuestra alma.

todo esto, ha servido para algo.

 Si Jesús está conmigo, tengo fuerza para decir no al mal.

Deja claro el camino en su Iglesia.

Jesús no me deja solo, se queda acompañandome en la Eucaristía cada día de mi vida.

Deja los Sacramentos para ayudarme a ir al cielo. Por ejemplo deja el Sacramento de la Confesión para poder pedir perdón cuando manche mi alma con el pecado.

He ganado una Madre, ¡y que Madre!, la Virgen.

Piensa tú y descubre mucho más