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Poder perdonar y poder pedir perdón

El perdón es el único muro capaz de contener el mal. Su único límite. Su remedio. ¿Quieres borrar el mal de ti mismo y de los demás?  perdona, acoge el perdón y enseñalo a otros.

Así nos lo demuestra el Señor estos días con su ejemplo. Te recomiendo que escuches esta conferencia en la que encontrarás argumentos para el perdón. Seguro que encontrarán eco en tu comportamiento de cada día y te ayudarán a vivir en amor.

Vídeo 1: ¿Qué hacer cuando hay entre dos personas una herida?.  ¿Porque la gente que se enfadada se chilla? ¿Porqué la gente que se quiere se susurra? ¿Por qué no me siento querido? Querer sin humillar. Querer el bien del otro y querer al otro. ¿El amor se puede expresar sin perdón? Si no vuelves a mi corazón yo también salgo perdiendo. ¿Que busco en la confesión? El perdón o los complementos

Vídeo 2: ¿Qué busco cuando ofrecezco el perdón? ¿Acogemos el perdón?. El que no acoge, ahoga. ¿Qué manifiesta el gesto de pedir perdón? ¿Qué sientes cuando te piden perdón? ¿Qué sientes cuando acogen tu perdón? ¿Quién gana? A Dios le duele cuando no le pedimos perdón, porque no le reconocemos en su misericordia y ternura.

Vídeo 3: ¿Qué es lo que nos separa? Aniquilar el mal con el perdón. Las heridas del alma cuando pasan por el perdón, nunca dejan cicatriz. Dos bombas atómicas: la soberbia (puedo vivir sin ti) y el egoismo (no te necesito) causan la crisis mundial. ¡No me importa el otro!.  Solo una bomba más poderosa lo sana: el perdón.

Vídeo 4: El perdón es más que volver a empezar, es recuperar lo que tenía y adquirir mucho más. ¿Cuántas veces tengo que perdonar?. El día que diga “basta” digo “nunca te he querido por ti mismo (he querido de ti lo que me compensaba)” y “no se querer de verdad”. El amor nunca puede decir “basta”.

Vídeo 5: El querer no depende del otro. Depende solo de mi. Eso hace el Señor. “Tengo sed”. ¿Nos podemos cansar en el querer?. ¿Es buena la culpa?. ¿Es buena la penitencia?. El amor acoge las iniciativas del otro.

Vídeo 6: Penitencia ¿es pasar factura?. Por el camino del perdón se enseña a querer. 

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Estos días ¿se puede no pedir perdón? ¿se puede no perdonar?

¡Cuantas cosas se comprenden al ver al Señor en la Pasión!

¡Cuántos deseos de que la cruz le pese menos al Jesús!.

Por eso sale solo el propósito de luchar para evitar el pecado, que aumenta ese peso. Pero aún así, seguiremos cayendo. Entonces nos levantaremos, siguiendo su ejemplo, y seguiremos luchando. Iremos corriendo a pedirle perdón, para consolarle en tu agonía.

El consuelo y el amor no quitan peso al madero, pero seguro que te dan ánimo y fuerzas para notarlo menos.

Nos enseña el Catecismo:

1851 En la Pasión, la misericordia de Cristo vence al pecado. En ella, es donde éste manifiesta mejor su violencia y su multiplicidad: incredulidad, rechazo y burlas por parte de los jefes y del pueblo, debilidad de Pilato y crueldad de los soldados, traición de Judas tan dura a Jesús, negaciones de Pedro y abandono de los discípulos. Sin embargo, en la hora misma de las tinieblas y del príncipe de este mundo (cf Jn 14,30), el sacrificio de Cristo se convierte secretamente en la fuente de la que brotará inagotable el perdón de nuestros pecados.

1491 El sacramento de la Penitencia está constituido por el conjunto de tres actos realizados por el penitente, y por la absolución del sacerdote. Los actos del penitente son: el arrepentimiento, la confesión o manifestación de los pecados al sacerdote y el propósito de realizar la reparación y las obras de penitencia.

El segundo mandamiento de la Iglesia (“confesar los pecados mortales al menos una vez al año”) asegura la preparación para la Eucaristía mediante la recepción del sacramento de la Reconciliación, que continúa la obra de conversión y de perdón del Bautismo

1496 Los efectos espirituales del sacramento de la Penitencia son:

 – la reconciliación con Dios por la que el penitente  recupera la gracia; la reconciliación con la Iglesia.

– la remisión de la pena eterna contraída por los  pecados mortales;

– la remisión, al menos en parte, de las penas  temporales, consecuencia del pecado;

– la paz y la serenidad de la conciencia, y el  consuelo espiritual;

– el acrecentamiento de las fuerzas espirituales para  el combate cristiano