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Siempre hay una razón para vivir…

Limosna… dar una razón al que la necesita. 

Hay personas que no quieren vivir “como viven”,

pero querán vivir si otros ayudamos a que su vida sea diferente.

Jornada por la vida – 25 de marzo de 2011

Refuerzos para Japón

Muchas personas están sufriendo´en estas islas por el terremoto del día 11. Nadie se queda indiferente ante tanto dolor. Nosotros, además de la ayuda material que podamos prestar desde la distancia, enviamos ayuda para afrontar estos momentos a través de nuestra oración y sacrificio. Tenemos un gran motivo para vivir con más generosidad el tiempo de Cuaresma.

Dieron la vida por mi, con tan solo 9 años.

El Padre Steven Kwon L.C. (Canadá) contó para Alfa y Omega 12 marzo 2009 una historia impresionante, que merece la pena leer.

Después de la buena preparación durante la cuaresma, notamos cerca la Semana Santa.  Es el tiempo que la liturgia nos ofrece para descubrir como es el amor de un Dios que da la vida por nosotros. El que MIRA, entiende que el Dios que “da” merece respuesta.

El relato habla por si solo. Quizá la fuerza del ejemplo te lleve a decidir cómo vivir mejor TU Semana Santa. 

  

Crecí en un ambiente sano con amigos católicos que practicaban su fe con gran entusiasmo, porque formaban parte de un grupo carismático. Mi mejor amigo era Jason Hanson. Algo sorprendente ocurrió después de un partido de fútbol. Ganamos el partido y Jason me invitó a comer cerca del colegio. Mientras caminábamos a una tienda Seven-Eleven, Jason me preguntó: «¿Qué vas a hacer cuando seas grande?» Yo le respondí: «Seguramente seré médico y llegaré a ser papá de seis o siete niños». Jason me dijo con una sonrisa: «Pero ¿eres feliz?» «¡Claro que sí, soy feliz!», le dije. Entonces Jason me volvió a preguntar: «Yo me refiero a si eres realmente feliz». -«Bueno, realmente no», respondí. Luego me dijo Jason: «Creo que yo puedo curar tu infelicidad, pero te lo enseñaré después».

 

Cuando llegamos a la tienda Seven-Eleven nos separamos. De repente un joven corrió con una pistola y empezó a amenazar a la chica que estaba en la caja registradora. El joven la amenazó con matarla si no le daba todo el dinero. La chica estaba tan asustada que no lograba atinar los botones adecuados para abrir la caja registradora. El joven de la pistola se empezó a poner nervioso e impaciente, y cuando me vio, apuntó directamente hacia mí. Me quedé helado.
 
Luego vi a mi mejor amigo corriendo hacia él por detrás. Antes de que pudiera hacer algo, vi a Jason saltar en el aire y golpear al joven por detrás. Dado que Jason era bajo de estatura, cayó al suelo, apenas sorprendiendo un poco al pistolero, que se dio la vuelta y le disparó dos balas en el pecho, y salió corriendo.
 
Jason me llamaba: «Steve, Steve, ¿dónde estás?» -«Estoy aquí», le dije, y corrí hacia él. «Todo va a salir bien, te pondrás bien, aguanta un poco», y grité: «¡Llamen a una ambulancia!» Tomé a Jason y me miró con una sonrisa, e, intentando respirar, me dijo: «¿Sabes qué, Steve?», yo dije: «¿Qué?» Respiró profundamente y me dijo: «Lo mejor que se puede hacer en este mundo es dar la propia vida por un amigo». Después, Jason murió en mis brazos, con tan sólo nueve años.

 

Después de esta dura experiencia, sentí con fuerza mi fe y mi vocación al sacerdocio.
 
Sentí a Dios cerca de mí, llamándome a seguir sus huellas.

Nunca es demasiado…

 

para Dios…

¡Qué no se te haga tarde!.

Ayer nos contó Laura que…

 escuchó una conversación en la que se decía que

la navidad no es tiempo de recibir regalos sino de hacerlos. 

Haciendo y recibiendo recordamos el gran regalo que en realidad recibimos estos días: 

 el Niño Jesús que trae a la tierra la luz y el calor de la vida sobrenatural. 

 Aunque nosotros olvidemos quién es Él, Él no se olvida de nosotros.   

Añadió Laura a esta frase, una bonita historia que ilustra esta idea de DAR por DAR, y no por lo que se obtiene a cambio (ni siquiera la satisfacción de que me lo agradezcan)

“A los 8:30 de una agitada mañana, un señor de unos 80 años, llegó al centro sanitario donde trabajo para que le quitaran unos puntos de su dedo pulgar. Dijo que estaba apurado porque tenía una cita a las 9:00 am. Le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizá pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo vi mirando su reloj tantas veces que pregunté el motivo de su prisa. Me dijo que necesitaba ir al geriátrico para desayunar con su esposa.

Le pregunté sobre la salud de ella. Me respondió que ella que padecía de Alzheimer.

Le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde.  Me respondió que hacia cinco años que ella no podía ya reconocerlo. Sorprendida dije, ‘Y usted ¿sigue yendo cada mañana, aun cuando ella no sabe quien es usted?’

‘Ella no sabe quien soy,  pero yo aún se quien es ella.

 

Pregunta Marta cuál es el horario del Papa.

Benedicto

Contesté muy segura que en una ocasión lo vi escrito en un libro, y me comprometí a encontrarlo para el próximo día. Pero rastreando los libros que he leído sobre nuestro “buen Papa” no he logrado encontrar ningún indicio de su horario.

 

Por lo tanto me veo obligada a renunciar de momento a los detalles y decir a Marta que…

 

Se que tenía planeado un horario apretado pero tranquilo en su Baviera natal para leer y escribir.

 

Se que explicó a un grupo de peregrinos alemanes, poco tiempo después de ser Papa lo que trascribo a continuación: 

 “Nunca pensé en ser elegido Papa, ni hice nada para que así fuese. Cuando, lentamente, el desarrollo de las votaciones me permitió comprender que, por decirlo así, la ‘guillotina’ caería sobre mí, me quedé desconcertado. Creía que había realizado ya la obra de toda una vida y que podía esperar terminar tranquilamente mis días. Con profunda convicción dije al Señor: ¡no me hagas esto! Tienes personas más jóvenes y mejores, que pueden afrontar esta gran tarea con un entusiasmo y una fuerza totalmente diferentes. Pero me impactó mucho una breve nota que me escribió un hermano del Colegio Cardenalicio. Me recordaba que durante la Misa por Juan Pablo II yo había centrado la homilía en la palabra del Evangelio que el Señor dirigió a Pedro a orillas del lago de Genesaret: ¡Sígueme! Yo había explicado cómo Karol Wojtyla había recibido siempre de nuevo esta llamada del Señor y continuamente había debido renunciar a muchas cosas, limitándose a decir: Sí, te sigo, aunque me lleves a donde no quisiera. Ese hermano cardenal me escribía en su nota: “Si el Señor te dijera ahora ‘sígueme’, acuérdate de lo que predicaste. No lo rechaces. Sé obediente, como describiste al gran Papa, que ha vuelto a la casa del Padre”. Esto me llegó al corazón. Los caminos del Señor no son cómodos, pero tampoco hemos sido creados para la comodidad, sino para cosas grandes, para el bien. Así, al final, no me quedó otra opción que decir que sí. Confío en el Señor, y confío en vosotros, queridos amigos. Como os dije ayer, un cristiano jamás está solo.”

Se que con sus años + el peso que debe suponer guiar la Iglesia nunca hubiese elegido por propia iniciativa semejante carga.
 
Se que el horario de cada día se parecerá mucho al programa de gobierno que describió el día de su elección.

“Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia.”

 
Se que su horario está minuto a minuto cuajado de respuestas generosas a Dios.

 

Se que el Señor ha elegido un altavoz discreto y sereno, de mensaje profundo y sencillo.

 

Se que no vale mirarle con prisas o superficialmente porque al Papa Benedicto se le conoce cuando se le lee y se le piensa, más que cuando se le ve.

 

Se que aunque no le hacen falta recomendaciones porque brilla con luz propia era el brazo derecho de Juan Pablo II.

 

Se que agradezco todos los días tener este Papa en primer lugar porque su director de recursos humanos es el mismo Dios.

 

Se que la duda de Marta nos sirve para apoyar con nuestros minutos sus minutos para que continúe trabajando por la Iglesia.

 

 Solo me queda agradecer a Marta su pregunta y prometer que seguiré buscando.

Un vídeo que da que pensar…

Piensa en lo que otros han echo por ti, ayuda tu así a otros.