Archivo de la etiqueta: educación

En verano, Dios va donde tu vayas (4)

 

Ayudas para algunas actividades de tiempo libre

Tratar de fomentar las actividades al aire libre y usar de manera educativa los medios audiovisuales que también transmiten valores es una buena manera de educar. 

Enlaces de Cine, lecturas y tiempo libre.

 Infórmate del valor formativo de películas, libros y actividades en las que van a participar tus hijos. No todo lo que está de moda o de estreno es conveniente. Elige tú en que valores quieres formar.

En este blog, en la barra lateral de la derecha hay un apartado de “enlaces descanso” que conecta con páginas muy útiles para consultas sobre cine, tv, recomendaciones de literatura infantil y juvenil, páginas sobre la familia, etc.

Algunos aspectos sobre la Televisión:

  • Tener una sola televisión en casa ayuda a conocer la programación que ven tus hijos y ayuda a que disminuya el individualismo en la familia.
  • Procura que la TV no invada los momentos de familia importantes: comidas, tareas, juegos. Que no sea la televisión la que imponga sus horarios.
  • Usa la televisión para fomentar el dialogo familiar: comenta lo visto. Escucha a sus hijos y observa como reaccionan. Si observas violencia, explica a tus hijos por que no es buena y distingue realidad de ficción.
  • No utilices el televisor para premiar o castigar. Con ello solo lograras sobredimensionarla.
  • Autocontrólate tu mismo en el uso de la televisión, porque los hijos imitan. Busca los mejores programas, ya que los hay.
  • Si consideras que algo haría mal a otra persona, ten por seguro que a ti también te dañará.

 Algunos aspectos sobre los Videojuegos:

  • Antes de comprar infórmate bien.
  • Atiende a la clasificación que viene en la envoltura. Hay películas infantiles cuyo videojuego no es para ese público.
  • Elige videojuegos que fomenten la participación de varios competidores para que puedas jugar con tus hijos. Los juegos on line tienen el inconveniente de que tus hijos jugarán con desconocidos.
Anuncios

En verano, Dios va donde tu vayas (2)

Mochila del superviviente:

1. Vive el domingo. En vacaciones, el domingo sigue siendo el día del Señor y Dios no se va de vacaciones. Aprovecha la eucaristía dominical ahora con más tiempo libre.

2. Vive la familia. Dialoga, juega sin prisas, reza en familia.

3. Vive un valor. Piensa en que virtud o valor concreto pueden crecer tus hijos. Busca la manera de transmitírselo de forma positiva a través de las vuestro ejemplo en las actividades de cada día y a través de pequeños retos que ellos se marquen.

Es el mejor regalo que podemos hacerles. Las virtudes les convertirán en personas recias, capaces de proponerse grandes metas y de llevarlas a cabo; personas que sabe lo que quieren, que no se asustan ante los obstáculos; y sobretodo personas felices.

Esta lucha por adquirir las virtudes requiere esfuerzo, pero vale la pena. Vale la pena dejar que nuestros hijos se cansen, luchen, lo intenten una y otra vez; vale la pena exigirles aunque pueda costarnos a nosotros verles cansadas, que sufren; ellos esperan que nosotros les exijamos, primero con nuestro ejemplo.

Vale la pena enseñar el VALOR DEL ESFUERZO. Pero tenemos que tener en cuente que no hay esfuerzo si no hay motivo. Sin MOTIVACIÓN es imposible que alguien luche por una meta. Sin una meta, sin un objetivo… no existe el movimiento. Por tanto, es básico conocer, aplicar y generar las motivaciones que impulsan al niño, para lo que debemos conocer y escuchar a los hijos, entrenándoles en la capacidad de motivarse a sí mismos.

Algunas ideas prácticas:

 Insistirles en el DOMINIO DE SÍ venciendo el mal humor, acabando todos los proyectos que han empezado y dominando la impaciencia.

 Enseñarles el valor de la OBEDIENCIA. Pero para que haya obediencia ha de existir autoridad efectiva de los adultos: no hay que tener miedo a exigir.

 Un gran regalo: el ORDEN; que se den cuenta de que cada cosa tiene su sitio y que antes de empezar algo nuevo, lo anterior tiene que quedar recogido. Algunos ejemplos concretos pueden ser: hacerse la cama, dejar la ropa bien guardada en el armario, colgar la ropa mojada al volver de la piscina…

RECIEDUMBRE: que aprendan a hacer en cada momento lo que deben y no solo lo que les apetece. Algunos ejemplos concretos: pueden ayudar con un encargo en casa, comer de todo, evitar quejas aprendiendo a sonreír.

4. Vive la amistad. Haz de las reuniones con amigos y familiares momento de escucha, ayuda, diálogo, enriquecimiento y respeto a las demás personas.

5. Vive la justicia. No esperes que todo te lo den hecho. Otros trabajan para que tú tengas vacaciones. Ellos también tienen sus derechos. Respétalos y respeta sus bienes.

6. Vive la verdad. Evita la hipocresía, la mentira, la crítica, la presunción engañosa e interesada o la vanagloria.

7. Vive la limpieza de corazón. Supera la codicia, el egoísmo y el hedonismo. Vacación no equivale a permisividad.

8. Vive la solidaridad. No lo quieras todo para ti. Piensa en quienes no tienen vacaciones, porque ni siquiera tienen el pan de cada día. La caridad tampoco se toma vacaciones.

9. Vive la naturaleza. En la playa, en la montaña, descubre la presencia de Dios y da gracias por todo.

El texto de esta entrada está en parte inspirado en las palabras de D. Pedro Carpintero en el Boletín MFC nº 96.

En verano, Dios va donde tu vayas. (1)

Llega el verano y con él, las merecidas vacaciones. Es una época en la que, tenemos más tiempo libre. ¡Tengamos también tiempo para Dios!.

El verano se puede convertir en el invierno del alma si le damos vacaciones a nuestra vida de fe, o se puede convertir en un momento de gracia para profundizar en la oración, la formación en la Verdad de Cristo, vivir la Caridad, dedicar más tiempo a nuestra familia…

No se puede ser cristiano a tiempo parcial: a Jesucristo se le sigue siempre o no se le sigue, porque “nadie puede servir a dos señores” (Mt 6, 24).

Somos cristianos en casa y en la Iglesia, en el lugar de trabajo y en el lugar de descanso, en verano y en invierno. Hemos de vivir así, con Cristo y en Cristo, todos y cada uno de los instantes de nuestra existencia: en el trabajo, en la familia, en la calle, con los amigos… Eso es lo que se llama unidad de vida.A esto estamos llamados y capacitados por el Bautismo y la Confirmación. A ser autenticamente lo que somos: Hijos, herederos, testigos, apótoles…

Estos días haremos algunas propuestas que no aparecen en los folletos de las agencias de viajes. En la mayoría de los casos se trata de alternativas sencillas, baratas. Porque estamos convencidos de que los mejores momentos, los más felices, son los que empleamos para amar a Dios y a los demás.

Transmitir este ánimo a nuestros hijos hará que este verano se convierta en un hito importante en su formación y educación.

El objetivo es no cejar en el empeño de hacer de los hijos personas felices, personas que quieren a Dios y que se dan a los demás.

Signos y señales

Un signo “significa” algo. Acogemos un signo cuando entendemos y vivimos lo significado. Si matamos el vivir, el interés por el signo se apaga. Poco a poco desaparece de nuestras costumbres y muere en nuestras vidas su valor. 

Nos cuenta el Papa una anécdota que nos ayuda a valorar los signos en la vida del cristiano.

“Personalmente , jamás olvidaré con qué devoción y con qué recogimiento interior mi padre y mi madre nos santiguaban, de pequeños, con el agua bendita. Nos hacían la señal de la cruz en la frente, en la boca, en el pecho, cuando teníamos que partir, sobre todo si se trataba de una ausencia particularmente larga. Esta bendición nos acompañaba, y nosotros nos sentíamos guiados por ella: era la manera de hacerse visible en la oración de los padres que iba con nosotros, y  la certeza de que esta oración estaba apoyada en la bendición del Redentor. La bendición suponía también, una exigencia por nuestra parte: la de no salirnos del ámbito de esta bendición. Bendecir es un gesto sacerdotal: en aquel signo de la cruz percibíamos el sacerdocio de los padres, su particular dignidad y su fuerza. Pienso que este gesto de bendecir, como expresión plenamente válida del sacerdocio común de los bautizados, debería volver a formar parte de la vida cotidiana con mayor fuerza aún, empapándola de esa energía del amor que procede del Señor.”  Benedicto XVI

Tus signos

El catecismo nos recuerda queLos sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina. (1131).”

1667 y sg “… los sacramentales son signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia.

Comprenden siempre una oración, con frecuencia acompañada de un signo determinado, como la imposición de la mano, la señal de la cruz, la aspersión con agua bendita (que recuerda el Bautismo).

Los sacramentales proceden del sacerdocio bautismal: todo bautizado es llamado a ser una “bendición” (cf Gn 12,2) y a bendecir. (…) No confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia preparan a recibirla y disponen a cooperar con a ella.

La liturgia de los sacramentos y de los sacramentales hace que, en los fieles  […] sean santificados por la gracia divina que emana del misterio Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, de quien reciben su poder todos los sacramentos y sacramentales, y que todo uso honesto de las cosas materiales pueda estar ordenado a la santificación del hombre y a la alabanza de Dios

Entre los sacramentales figuran en primer lugar las bendiciones (de personas, de la mesa, de objetos, de lugares). Toda bendición es alabanza de Dios y oración para obtener sus dones.

Por eso la Iglesia da la bendición invocando el nombre de Jesús y haciendo habitualmente la señal santa de la cruz de Cristo.

¿haces con frecuencia la señal de la cruz? ¿bendices la mesa? ¿sabes para que sirve el agua bendita? ¿como significas lo que como cristiano quieres vivir?

 

En educación SI hay secretos

Leyendo el libro “Cuando habla el corazón” de Javier Abad, me tropecé con unas palabras que no quiero retener solo en el libro, por si no te las encuentras. Son sencillas e incluso obvias, pero exigentes y fecundas si las hacemos más propias. Me parece una buena forma de abrir brecha en el tema de ayudar a los hijos.

La educación continúa la generación, engendra cada día vida nueva en los hijos; y cuando se trata de educación cristiana, por su medio el Espíritu Santo da vida sobrenatural. Los educadores complementan en el colegio la labor paterna y materna. Las palabras que siguen, aunque dirigidas a los padres, son igualmente válidas para los educadores de sus hijos.

no enseñéis a vuestro hijos a rezar, que no aprenderán: rezad vosotrosJuan Pablo II.

La oración no se enseña; se comunica; se trasmite por contacto, como el lenguaje. Los pequeños hablan porque oyen a sus padres, utilizan sus términos, se impregnan de su acento;  se les pegan sus ademanes. Tal sucede con las virtudes y hasta con los defectos que hayan en el hogar desde que nacen: se les prenden como el color, como el aroma, como el polvo del ambiente. No son las cualidades que los padres tratan de inculcar, ni los conflictos que quieren evitar: es lo que realmente los niños tocan y viven y aspiran mientras crecen.

Si encuentran en la casa que el espíritu de oración llena el ambiente con naturalidad, obrarán sin que nadie tenga que enseñarles. En la familia reciben el tesoro de la oración, el secreto de ese lenguaje expresivo de los hijos de Dios. Allí encuentran el enfoque sobrenatural de los sucesos corrientes; allí aprenden a responder con coherencia a cada situación fácil o complicada. Allí respiran la fe para practicar con equilibrio “innato” una conducta cristiana en medio del diario vivir con todas sus vicisitudes.

Para poder hablar de Dios a los niños, se necesita una íntima unión con Él que irradie a los demás; que el niño perciba tan real como las cosas que le rodean, sin extrañezas, sin afectación, sin aspavientos; entonces sí, ahí sí, los niños oran con espontaneidad como caminan, como comen.”

Te pregunto y me pregunto ¿Qué más podemos hacer?

Hay seguro muchas respuestas. Ell@s aún necesitan nuestro ejemplo.

Pues ánimo y a por ello.