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La oveja autopastora

 

Cuando me aficioné al monte y tras unas cuantas caminatas, no pude dejar de preguntarme porqué montañeros que parecían expertos se asesoraban, pensaban, reorientaban sus pasos … en muchos momentos durante cada ruta. ¿Quizá por su inseguridad, poca memoria o torpeza? En cualquier caso tanta meditación, me parecía demasiado trabajo.

Yo prefería lo espontáneo, la intuición, dejarme llevar por lo que fuera brotando. Gracias a este poco original principio, tuve mi primera y emocionante experiencia de persona perdida en el monte, con lo puesto, que te aseguro no fue divertida.  Y menos entretenido aún, el montaje que supuso mi rescate.

Si tú has vivido algo parecido, te habrás dado cuenta de que el campo visual del hombre tiene una capacidad limitada. Se reduce a lo que tenemos un poco más allá de “nuestra propia nariz”. Para que las personas podamos llegar a buen puerto con esa manera de ver, necesitamos ayuda.

Un mapa que marque el camino. Una brújula que oriente sobre nuestra situación en el mapa. Una cuerda que nos aporte la fuerza que necesitamos y no tenemos para algunas subidas.  Cuento con la intuición, la espontaneidad y lo que a mi se me ocurre, pero no son la única herramienta.

En la vida espiritual sucede lo mismo. El hombre tiende a reducir la realidad a lo que él puede ver y comprender. Tiene el gran peligro de no contar también con todo lo que queda fuera de ese estrecho margen, y por tanto de vivir en una realidad parcial que prescinde de grandes ayudas.

Para remediar este problema,

Dios pone a nuestro alcance a través de la Iglesia

 

  • Su mapa. Los mandamientos. Que potencian mi inteligencia ayudándome a reconocer lo bueno y lo malo.
  • Su brújula. La dirección espiritual que es luz y muleta, imprescindible para conocerme, conocerle y seguir el mapa.
  • Su cuerda. La Eucaristía, la confesión y otros sacramentos que nos dan la GRACIA para fortalecer la voluntad.

 

Elegir mapa, brújula y cuerda adecuados es caminar acompañado y por lugar seguro. Aumentar las posibilidades de acertar con la meta. En definitiva SER FELIZ. 

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¡Líbrate de la momia!

 

De Egipto llamé a mi hijo (Mt 2 15), dice la Escritura, del país de las pirámides y las tumbas y los sarcófagos, del país donde embalsaman a los muertos, y quién sabe si también a los vivos, del país de las momias, de allí rescata el Dios vivo a sus hijos, del territorio de los zombis, los fantasmas y los espectros, los hijos del Dios vivo no se dejan liar, se resisten a las vendas enrolladas de la mentira, a la tranquila y dorada y plácida comodidad del sarcófago

  

Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida (Sal 114, 9), caminaré aunque me hinque las piedras y me pinchen los cardos, prefiero un corazón desgarrado a un corazón disecado, antes arrepentido que amojamado, me moveré en el territorio de la Gracia, que mana leche y miel

me moveré en la Iglesia, que es la Tierra prometida,

 

¡Líbrate de la momia!, esa bruja que hay en ti, san Pablo lo llamaba el hombre viejo (Efesios 4, 21), el carcamal que cada cual lleva dentro, cenizo, resabiado, siempre quejándose:

“no vale la pena”,

“lo he intentado muchas veces”,

“me gustaría pero no puedo”,

“el ambiente está crudo, si usted supiera”,

“ya me conozco”.

¡No es cierto!:

nunca te conoces lo bastante como para estar seguro de lo que puedes o de lo que quieres.

Vale ya de renquear: es preciso nacer de nuevo (Jn 3, 7).

Y todos estamos por nacer, por hacer, por madurar, por convertir.

La conversión es aquel parto, doloroso y gozoso, en que la madre y la hija son la misma: ¡Sácate de dentro a esa persona maravillosa que hay en ti!

www.darfruto.com “el hombre viejo”.

Hoy empieza la Cuaresma. Empiezas??? …  conversión, ORACIÓN, deseo de quitar lo que empaña la entrega, volver a empezar, confesión, PENITENCIA, apertura a la  vida de la gracia, esperanza de mejorar cada día un poco, AYUNO, preparación para el anuncio del Reino, ruptura de las ataduras del pecado, capacitación para recibir la fuerza salvadora de Dios, 40 días de ayuno del Hijo de Dios, fecundidad, corazón puro, espíritu recto, camino hacia el tiempo fuerte de Semana Santa, preparación para la celebración de la Pascua, oración y sacrificio…  transformación de la momia en Hij@.

Zanahoria, huevo o café

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿qué ves?”

-“Zanahorias, huevos y café” fue su respuesta.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café que tenía un rico aroma. La hija preguntó: “¿Qué significa esto, padre?”

El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

“¿Cual eres tú?”, le preguntó a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?

  

¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

  

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?

  

¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

  

  Y tú, ¿cual de los tres eres? 

 

Músculos para el cuerpo y para el alma.

Hace años, el único camino para llegar a mi cole pasaba necesariamente por  una gran cuesta. La atrofia muscular y oxidación que produce la falta de deporte, hacían que para mí, la escalada fuese demasiado costosa. Aunque quería llegar a tiempo a mis clases, rara vez lo conseguía. Un día decidí llegar a ser capaz de hacer lo que quería, y me propuse hacer deporte.

El entrenamiento poco a poco dio su fruto. Cada día tardaba un poco menos en recorrer el mismo trayecto y cada subida me suponía menos esfuerzo.

Pienso que, lo que el efecto del fortalecimiento de la musculatura supuso para mi cuerpo, lo supone el desarrollo y fortalecimiento de las virtudes para el alma.  Los dos ejercicios hacen crecer las capacidades de las personas y nos permiten poder elegir entre todas las posibilidades que existen.

El que no sube una cuesta porque no puede, no es libre de elegir entre subir o no. El que puede escoger entre hacer o no hacer,  porque tiene capacidad para cualquiera de las dos cosas, es auténticamente libre.

El ejercicio de las virtudes desarrolla en nosotros la musculatura necesaria para poder elegir lo bueno de un modo fácil y gratificante. Nos da acceso a la libertad, la santidad y la felicidad.

La carencia de virtudes es un lastre para alcanzar mis metas y también una “oportunidad” para esforzarme  por ser mejor. Ahí donde te falta, pon poco a poco. Porque o avanzamos en la virtud o nos hundimos en su ausencia.

Nadie nace arquitecto, agricultor… pero muchos tienen la capacidad para llegar a serlo. No somos buenos o malos de nacimiento, pero todos tenemos capacidad para llegar a cualquiera de las dos metas. El esfuerzo por alcanzar ser bueno se llama lucha interior”. La ausencia de lucha nos hace caer en la carencia de virtud, …, en el mal.

 

Por eso dice Benedicto XVI que…

“La crisis de nuestro tiempo depende principalmente del hecho de que se nos quiere hacer creer que

 se puede llegar a ser hombres sin el dominio de sí,

 sin la paciencia de la renuncia y la fatiga de la superación,

 que no es necesario el sacrificio de mantener los compromisos aceptados, ni el esfuerzo para sufrir con paciencia la tensión de lo que se debería ser y lo que efectivamente se es.”

No dejes que se te caiga el mundo encima

Empieza la vida ordinaria, después de una larga e intensa navidad.

A simple vista el cambio puede consistir en mimetizarse de nuevo con tanta gente que cumple una larga lista de actividades como madrugar, ir al cole, perder el bus, olvidar el paraguas, pisar un charco… volver a casa, hacer deberes, de nuevo madrugar….

Pero ordinario no significa de poca importancia, gris, rutinario, pastoso o plano…. Descubrir la amplia gama de colores oculta en lo cotidiano hace crecer la energía e ilusión para afrontar con madurez tus pequeñas batallas de cada día, con la fuerza acumulada de la navidad.

En el año litúrgico, llamamos tiempo ordinario al que no coincide ni con la Pascua y su Cuaresma, ni con la Navidad y su Adviento. Estos últimos son tiempos de emociones fuertes que cargan pilas y el primero es tiempo de  respuestas generosas que ayudan a crecer de forma casi imperceptible.

Jesús, durante sus años de vida oculta creció en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres, así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos crecer en nuestra vida espiritual, estudio, relaciones humanas, en medio de éxitos y fracasos, sufrimientos y momentos felices. Porque el que no avanza retrocede. No hay punto muerto en la vida interior.

El tiempo ordinario NO ES UN TIEMPO DE DESENGAÑOS NI DE SUPERVIVENCIA, ES UN TIEMPO DE CRECIMIENTO.

Que este tiempo te caiga como jarro de agua fría igual que a nuestro “alien” le alcanzó la bola luminosa, depende de ti y de tu actitud para sacarle partido.