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En verano, Dios va donde tu vayas (3)

 

NUESTRO MEJOR ALIADO: trato con Dios

 Dios está totalmente dispuesto a ayudarnos pero se lo tenemos que pedir y no podemos dejarlo pasar.

Los padres -primeros educadores de los hijos- de la misma manera que enseñamos a vestirse, a comer, a andar… enseñamos a tratar a Jesús. Ser cristianos es un tesoro que no podemos guardar para nosotros, queremos hacer partícipes de ese tesoro especialmente a los más cercanos, a las personas que más queremos, nuestros hijos. Lo mismo que cuando hemos leído un libro o visto una película que nos ha gustado mucho, no paramos de recomendarla a nuestros amigos.

Con Dios las vacaciones no existen,

más bien nos vamos de vacaciones con Él.

No se trata de hacer grandes cosas, solo de rezar en familia para que Dios esté presente en sus vidas y así como por ósmosis aprendan a tratarlo con naturalidad.

Rezar al levantarnos y acostarnos

Bendecir la mesa antes de comer.

Dar gracias a Dios por las cosas que tenemos, recurrir a su ayuda cuando necesiten algo, etc.

Participar de la Santa Misa los domingos.

Sin duda el tesoro más grande que tenemos los cristianos es la Santa Misa. Por eso el domingo es el día más importante de la semana, porque es el día de Jesús y lo celebramos con la Santa Misa. Es muy probable que nuestras hijos se aburran, que no quieran ir a Misa porque no la entienden, y nuestra misión es ayudarles a valorar y querer cada día más la Santa Misa.

¿Cómo?

 Hablando con ellos, explicándoles lo que supone y significa (y para eso primero tendremos que formarnos nosotros) y sobre todo con nuestro ejemplo. Tienen que ver hecho realidad que el domingo es el día más importante de la semana, y que lo más importante de ese día es la Santa Misa. Por eso al programar el plan de fin de semana hay que tener previsto poder asistir a Misa el domingo o la víspera. No da igual ir o no ir; los cristianos tenemos la necesidad de ir a Misa los domingos, es el momento en el que Dios nos da las fuerzas para seguir adelante y sobrevivir.

 ¿Qué podemos hacer para cuidar más la Santa Misa?

1. Buscar horarios de Misa (se puede hacer por Internet en http://www.misas.org)

2. Sentarse en los bancos de adelante: evitamos distracciones y nuestras hijos ven mejor lo que pasa, están más atentos.

3. Cuidar la forma de vestir: no es lo mismo ir a la playa que a Misa.

4. Llegar puntuales: cuidamos la puntualidad en ir a clase, en llegar al cine… No podemos hacer esperar a Jesús. ¿Haríamos esperar a una persona importante?

5. Que nos oigan contestar: pronunciar bien, vocalizando, para que ellos oigan y aprendan. Echarles una miradita animándoles a que participen.

6. Que nos vean atentos y que nos vean rezar: por ejemplo después de la comunión, con mucho respeto. Podemos animarles a que ellos también se pongan de rodillas y recen. Al acabar la Misa, como Jesús todavía está dentro de nosotros, es recomendable quedarse unos minutos dando gracias.

7. El respeto al sacerdote: cuando entra nos ponemos de pie, esperamos a que salga para salir.

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Esta iniciativa de un colegio de Madrid, está siendo epidémica. Déjate contagiar.

¿Te has enterado de lo que está pasando?

Miles de personas se están uniendo para rezar

 MILES DE ROSARIOS EN EL MUNDO

POR LOS SACERDOTES

 ¿contamos los tuyos?

 MAYO 2010

El universo en un vaso de agua

“Es Él quien hace que mis huesos sean firmes, que mi carne viva, que mis neuronas funcionen, que mi alma exista, piense, y ame. Él está dentro de mí.”

 

 

La PRESENCIA DE DIOS es adquirir conciencia de que tengo a Dios en mis entrañas. Existo porque Dios me quiere. Vivo en el interior de esa mirada amorosa e ilusionada de Dios que me da la existencia.

 

Nuestra existencia es fruto de una elección de Dios, que nos ha llamado a la vida y al amor. Cada uno realiza esta vocación personal a través de sus respuestas.

Somos el fruto de un acto de amor de Dios. Existimos porque Dios nos mira y nos ama. Y Dios nos ha hecho capaces de conocer y de responder a ese Amor. Nos ha creado inteligentes y libres, para que podamos tener un diálogo de amor con Él.

Yo soy aquel que puede ir respondiendo a Dios, realizando a lo largo de la vida ese proyecto que Dios ha pensado con todo cariño para mí.

La vida es un diálogo continuo, con palabras y hechos, entre Dios y la persona humana.

  “¿Acaso no se venden por un as dos pajarillos? Sin embargo, ni uno de ellos cae a tierra sin permitirlo vuestro Padre. Y en vosotros, hasta los cabellos de la cabeza están todos contados. Así que no tengáis miedo”        (Mateo, 10, 2931),

La cercanía de Dios… nos hace comprender la esencia de todas las religiones:

LA ADORACIÓN.  Adorar es decir: “Jesús, yo soy tuyo y te sigo en mi vida; no quisiera perder jamás esta amistad, esta comunión contigo”.

 

Adorar es, en su esencia, un abrazo con Jesús, en el que le digo: “Yo soy tuyo y te pido que tu también estés siempre conmigo”.  Benedicto XVI

 

LA ORACIÓN. Es el reconocimiento de nuestros límites y de nuestra dependencia: venimos de Dios, somos de Dios y retornamos a Dios. Por tanto, no podemos menos de abandonarnos a El, nuestro Creador y Señor, con plena y total confianza.  

 

Es, ante todo, un acto de inteligencia, un sentimiento de humildad y reconocimiento, una actitud de confianza y de abandono en Aquel que nos ha dado la vida por amor.

 

La oración es un diálogo misterioso, pero real, con Dios, un diálogo de confianza y amor.  Juan Pablo II.

 

EL SACRIFICIO. La esencia del sacrificio consiste en renunciar a algo que nosotros podríamos utilizar en nuestro propio beneficio, y dedicárselo a Dios. Esto es como decirle “me importas más que yo mismo”, “te agradezco lo que te debo, dando lo poco que puedo”.

 

Todo el valor sobrenatural de nuestras obras, se realiza cuando unimos nuestras vidas a la de Cristo en el Sacrificio de la Misa.

 

Las gotas de agua que se mezclan con el vino en el Ofertorio significan esa vida nuestra que se une al sacrificio de Cristo. Del mismo modo que el agua se mezcla y se une al vino, así nuestras vidas y obras se unen a Cristo y se ofrecen a Dios Padre.

 

Este texto contiene algunos extractos de un libro que te recomiendo: “Un bicho en busca de Dios” de Mikel Gotzon Santamaría.

¿Sigue vivo Dios …… en Haití?

   

Ante tanto desastre que sigue aumentando se me viene a la cabeza esta pregunta, título de un buen libro que te recomiendo escrito por J.P Manglano y M. Santamaría.   

    

Trascribo algunas ideas respecto al “misterio del dolor” que pueden ayudar a una aceptación acompañada, aunque no pueda ser del todo comprendida.     

    

Dios ha hecho el mundo así: bueno y para vivir. De hecho, en los planes originales de Dios, el hombre estaba libre de las enfermedades, del dolor, de la ignorancia e incluso de la muerte. Después de un tiempo de vida, necesario para madurar en el amor, el hombre pasaría directamente, sin pasar por la muerte, a ese estado de plenitud definitiva que es el Cielo.   

    

Pero el hombre se rebeló contra Dios. La muerte y el mal entraron en el mundo como consecuencia del pecado. Y la gran cantidad de miserias y males que hay hoy en el mundo es fruto de nuestros pecados. Nos podemos preguntar cómo puede Dios permitir que los hombres cometamos tantas maldades.   

   

    

Al pensar en esto, hay que tener en cuenta que el primero que sufre con los males del mundo es Dios.    

    

Para darse cuenta de que sufre, no hay más que ver lo que ha hecho para remediar esos males: hacerse hombre y padecer en su propia carne las consecuencias del pecado, hasta morir en la Cruz para salvarnos.”   

    

“El dolor siempre tiene algo que decirnos. El verdadero dolor –decía Dostoievski–, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor.    

    

El sufrimiento une a las personas, las abre a la compasión, y las hace volverse en busca de las causas de las cosas. Las hace más comprensivas, más sensibles a la pena y a la soledad de otros. Es quizá uno de los principales ingredientes de la maduración afectiva de las personas. Por eso decía Tommaseo que el hombre a quien el dolor no educó, siempre será un niño.” A.Aguiló.   

    

    

Dios no causa el dolor, pero es 100% solidario con él y nos ayuda a sacar del sufrimiento grandes bienes. A través del dolor y de nuestro esfuerzo en solucionarlo viene en nuestra ayuda, y no reconocerla es cegar la fuente del autentico consuelo.   

  

  

No somos indiferentes a tanto sufrimiento, por eso enviamos ayuda a todos los afectados con nuestras oraciones y en la medida de nuestras posibilidades aportaciones para mitigar las consecuencias de este desastre.   

  

 

Arregla el telefonillo

A veces pensamos que para comunicarse con Dios hace falta tener experiencias extraordinarias. Y la verdad es que comunicarse con Dios es tan sencillo como usar el telefonillo.

Dios no pide a nadie sin su permiso su compañía, y menos para siempre. Por eso “porque nos da la gana” nos acercamos ya a Dios con la ayuda de un “magnifico telefonillo”: la oración mental. Para que Dios pueda guiarnos en nuestro camino  hacia la buena vida.

 Te doy unos consejos de la mano de San Josemaría para que estrenes o reestrenes (si olvidaste que lo tenías) tu telefonillo:

Camino 90. ¿Que no sabes orar? -Ponte en la presencia de Dios, y en cuanto comiences a decir: “Señor, que no sé hacer oración!…”, está seguro de que has empezado a hacerla.

Camino 91. Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” -¿De qué? De El, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias…, flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: ” tratarse!”

Surco 446. Meditación. –Tiempo fijo y a hora fija. -Si no, se adaptará a la comodidad nuestra: esto es falta de mortificación. Y la oración sin mortificación es poco eficaz.

Surco 464. Mira qué conjunto de razonadas sinrazones te presenta el enemigo, para que dejes la oración: “me falta tiempo” -cuando lo estás perdiendo continuamente-; “esto no es para mí”, “yo tengo el corazón seco”… La oración no es problema de hablar o de sentir, sino de amar. Y se ama, esforzándose en intentar decir algo al Señor, aunque no se diga nada.

Surco 465. “Un minuto de rezo intenso; con eso basta”. -Lo decía uno que nunca rezaba. -¿Comprendería un enamorado que bastase contemplar intensamente durante un minuto a la persona amada?

Forja. 62. No se ha limitado el Señor a decirnos que nos ama: sino que nos lo ha demostrado con las obras, con la vida entera. -¿Y tú?

Forja 73. La oración –recuérdalo ¡no consiste en hacer discursos bonitos, frases grandilocuentes o que consuelen… Oración es a veces una mirada a una imagen del Señor o de su Madre; otras, una petición, con palabras; otras, el ofrecimiento de las buenas obras, de los resultados de la fidelidad…

Como el soldado que está de guardia, así hemos de estar nosotros a la puerta de Dios Nuestro Señor: y eso es oración. O como se echa el perrillo, a los pies de su amo. No te importe decírselo: Señor, aquí me tienes como un perro fiel; o mejor, como un borriquillo, que no dará coces a quien le quiere.

Forja 81. Has de ser constante y exigente en tus normas de piedad, también cuando estás cansado o te resultan áridas. Persevera! Esos momentos son como los palos altos, pintados de rojo que, en las carreteras de montaña, cuando llega la nieve, sirven de punto de referencia y señalan, siempre!, dónde está el camino seguro.

Forja 84. Busca a Dios en el fondo de tu corazón limpio, puro; en el fondo de tu alma cuando le eres fiel, y no pierdas nunca esa intimidad! -Y, si alguna vez no sabes cómo hablarle, ni qué decir, o no te atreves a buscar a Jesús dentro de ti, acude a María, “tota pulchra” -toda pura, maravillosa-, para confiarle: Señora, Madre nuestra, el Señor ha querido que fueras tú, con tus manos, quien cuidara a Dios: enséñame -enséñanos a todos ¡a tratar a tu Hijo!

Camino 1. Que tu vida no sea una vida estéril. –Sé útil. -Deja poso. -Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor. Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. -Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón.

La buena vida

Otoño    

En el mes de noviembre en la Iglesia celebramos la fiesta de Todos los Santos del cielo, y conmemoramos a todos los Fieles Difuntos. Conmemorar es recordar algún hecho importante con la celebración de un acto solemne. ¿Qué hay más importante que la elección de cómo pasar la vida eternamente? Estamos todos invitados especialmente durante este mes:

 A rezar por todas aquellas personas que ya nos esperan al otro lado.  

A fijarnos en el ejemplo de los que han alcanzado el premio del cielo, para siempre.     

Y en definitiva a interrogarnos ante el misterio de la muerte, y quizá caer en la cuenta que la “buena vida” es la “vida buena” porque alegra a Dios, llena el corazón del hombre y de sus efectos disfrutan los dos eternamente.  

Nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto estará nuestro corazón hasta que descanse en Ti”.

La meta nos la pone Dios. Es ambiciosa. Afecta directamente al corazón: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Y al prójimo como a ti mismo”

Amar a Dios, enamorarse del ser más perfecto y más bueno. Poder decir de verdad: ¡yo soy amigo de Dios, de la familia de Dios, hijo de Dios! Esto no es un modo de hablar, sino una realidad en la vida diaria de los cristianos.   

Y amar al prójimo como a uno mismo, es decir, más que la propia cuenta corriente, que aprobar el carnet de conducir, que el ordenador portátil o que mi tiempo libre. Amar al prójimo implica, por tanto, aprender a cortar las alambradas láser con las que el egoísmo nos aísla y nos impide tener abierto el corazón a todos. Hay mucho trabajo: ¡son tantos los millones de hombres que se odian, se pelean, se matan, se drogan o se ignoran! 

Para aspirar a la plenitud no hace falta sentir una particular emoción o tener unas cualidades peculiares, ni irse a un desierto, ni oír no se sabe qué voces interiores espirituales, ni ser una persona especial: algun@ se imaginan a los cristianos como seres extraños, ajenos a la realidad, incluso feos, bajitos, gangosillos, que no se comen una rosca y más anticuados que los huesos de Atapuerca. 

El cristiano no es así. El cristiano es normal; amar a Dios es lo normal: “Nos hiciste, Señor, para ti,…”. Lo anormal es lo contrario, por muy extendido que esté. Tod@ hij@ de vecin@ está llamad@ al amor, a la santidad (son palabras sinónimas). 

¿Cuanto te cuesta a ti la santidad?

Fuente: Corazón inquieto. Ver más en “la fuerza que necesitas”