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Santo Súbito

Esto pedimos para Juan Pablo II el día de su muerte, millones de personas en el mundo entero, unidas por la impresión de la huella de una vida santa en cada uno de nuestro corazones.

Impresión que a partir de ahora seguirá aumentando en tantos otros gracias a su beatificación.

El viernes primero de abril de 2005, Juan Pablo II estaba en agonía en su habitación del Vaticano. Le comunicaron que había miles de jóvenes en la plaza de San Pedro y en todo el mundo, acompañándole con su oración en esos momentos. Emocionado, el Santo Padre nos dirigió sus últimas palabras:

“os he buscado tantas veces…

ahora vosotros habéis venido a mí,

y yo os lo agradezco.”

 

Nuestro Papa de la Paz, el Papa de los jóvenes, no se ha ido, ahora nos ayuda más desde el cielo. Ha dado su vida por Cristo, por la Iglesia, por mí. Queremos seguir su ejemplo.

¡Qué sentimientos tan parecidos a los de tu corazón, Jesús! Nos buscas siempre, sin cansarte. De muchas formas diferentes sales a nuestro encuentro, lo das todo por nosotros. Y cuando por fin tienes respuesta tu corazón se enternece, se alegra, siente consuelo, se llena de agradecimiento, quiere necesitar del nuestro.

Queremos ser discípulos tuyos. Como los apóstoles, como Juan Pablo II, como tantos santos que te han querido a lo largo de la Historia. Buscarte, encontrarte y amarte. Pero solos no podemos, necesitamos acercarnos perseverantemente a la oración, beber la gracia de los Sacramentos y cogernos de la mano de la Virgen, especialmente en su mes de mayo

para poder seguir el grito que nos ha dado fuerza tantas veces

¡No tengáis miedo,

abrir de par en par las puertas a Cristo.!

Madre mía, siempre que lo necesitamos estás. Ayúdanos.

Encontrarás dragones

En la vida de los niños se siembran muchas semillas, pero nunca sabes cual de ellas va a crecer. Esta es la historia de dos vidas que en las circunstancias difíciles de una misma época, se desarrollan de manera muy diferente.

Muy buena película para admirarse, sorprenderse, pensar, reir, llorar, aprender… te la recomiendo.

Más información: pincha aquí.

Santificación del trabajo

¡Quiero que sea mi carnicero!

¿y quién no?.

Pregunta Marta cuál es el horario del Papa.

Benedicto

Contesté muy segura que en una ocasión lo vi escrito en un libro, y me comprometí a encontrarlo para el próximo día. Pero rastreando los libros que he leído sobre nuestro “buen Papa” no he logrado encontrar ningún indicio de su horario.

 

Por lo tanto me veo obligada a renunciar de momento a los detalles y decir a Marta que…

 

Se que tenía planeado un horario apretado pero tranquilo en su Baviera natal para leer y escribir.

 

Se que explicó a un grupo de peregrinos alemanes, poco tiempo después de ser Papa lo que trascribo a continuación: 

 “Nunca pensé en ser elegido Papa, ni hice nada para que así fuese. Cuando, lentamente, el desarrollo de las votaciones me permitió comprender que, por decirlo así, la ‘guillotina’ caería sobre mí, me quedé desconcertado. Creía que había realizado ya la obra de toda una vida y que podía esperar terminar tranquilamente mis días. Con profunda convicción dije al Señor: ¡no me hagas esto! Tienes personas más jóvenes y mejores, que pueden afrontar esta gran tarea con un entusiasmo y una fuerza totalmente diferentes. Pero me impactó mucho una breve nota que me escribió un hermano del Colegio Cardenalicio. Me recordaba que durante la Misa por Juan Pablo II yo había centrado la homilía en la palabra del Evangelio que el Señor dirigió a Pedro a orillas del lago de Genesaret: ¡Sígueme! Yo había explicado cómo Karol Wojtyla había recibido siempre de nuevo esta llamada del Señor y continuamente había debido renunciar a muchas cosas, limitándose a decir: Sí, te sigo, aunque me lleves a donde no quisiera. Ese hermano cardenal me escribía en su nota: “Si el Señor te dijera ahora ‘sígueme’, acuérdate de lo que predicaste. No lo rechaces. Sé obediente, como describiste al gran Papa, que ha vuelto a la casa del Padre”. Esto me llegó al corazón. Los caminos del Señor no son cómodos, pero tampoco hemos sido creados para la comodidad, sino para cosas grandes, para el bien. Así, al final, no me quedó otra opción que decir que sí. Confío en el Señor, y confío en vosotros, queridos amigos. Como os dije ayer, un cristiano jamás está solo.”

Se que con sus años + el peso que debe suponer guiar la Iglesia nunca hubiese elegido por propia iniciativa semejante carga.
 
Se que el horario de cada día se parecerá mucho al programa de gobierno que describió el día de su elección.

“Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia.”

 
Se que su horario está minuto a minuto cuajado de respuestas generosas a Dios.

 

Se que el Señor ha elegido un altavoz discreto y sereno, de mensaje profundo y sencillo.

 

Se que no vale mirarle con prisas o superficialmente porque al Papa Benedicto se le conoce cuando se le lee y se le piensa, más que cuando se le ve.

 

Se que aunque no le hacen falta recomendaciones porque brilla con luz propia era el brazo derecho de Juan Pablo II.

 

Se que agradezco todos los días tener este Papa en primer lugar porque su director de recursos humanos es el mismo Dios.

 

Se que la duda de Marta nos sirve para apoyar con nuestros minutos sus minutos para que continúe trabajando por la Iglesia.

 

 Solo me queda agradecer a Marta su pregunta y prometer que seguiré buscando.

La buena vida

Otoño    

En el mes de noviembre en la Iglesia celebramos la fiesta de Todos los Santos del cielo, y conmemoramos a todos los Fieles Difuntos. Conmemorar es recordar algún hecho importante con la celebración de un acto solemne. ¿Qué hay más importante que la elección de cómo pasar la vida eternamente? Estamos todos invitados especialmente durante este mes:

 A rezar por todas aquellas personas que ya nos esperan al otro lado.  

A fijarnos en el ejemplo de los que han alcanzado el premio del cielo, para siempre.     

Y en definitiva a interrogarnos ante el misterio de la muerte, y quizá caer en la cuenta que la “buena vida” es la “vida buena” porque alegra a Dios, llena el corazón del hombre y de sus efectos disfrutan los dos eternamente.  

Nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto estará nuestro corazón hasta que descanse en Ti”.

La meta nos la pone Dios. Es ambiciosa. Afecta directamente al corazón: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Y al prójimo como a ti mismo”

Amar a Dios, enamorarse del ser más perfecto y más bueno. Poder decir de verdad: ¡yo soy amigo de Dios, de la familia de Dios, hijo de Dios! Esto no es un modo de hablar, sino una realidad en la vida diaria de los cristianos.   

Y amar al prójimo como a uno mismo, es decir, más que la propia cuenta corriente, que aprobar el carnet de conducir, que el ordenador portátil o que mi tiempo libre. Amar al prójimo implica, por tanto, aprender a cortar las alambradas láser con las que el egoísmo nos aísla y nos impide tener abierto el corazón a todos. Hay mucho trabajo: ¡son tantos los millones de hombres que se odian, se pelean, se matan, se drogan o se ignoran! 

Para aspirar a la plenitud no hace falta sentir una particular emoción o tener unas cualidades peculiares, ni irse a un desierto, ni oír no se sabe qué voces interiores espirituales, ni ser una persona especial: algun@ se imaginan a los cristianos como seres extraños, ajenos a la realidad, incluso feos, bajitos, gangosillos, que no se comen una rosca y más anticuados que los huesos de Atapuerca. 

El cristiano no es así. El cristiano es normal; amar a Dios es lo normal: “Nos hiciste, Señor, para ti,…”. Lo anormal es lo contrario, por muy extendido que esté. Tod@ hij@ de vecin@ está llamad@ al amor, a la santidad (son palabras sinónimas). 

¿Cuanto te cuesta a ti la santidad?

Fuente: Corazón inquieto. Ver más en “la fuerza que necesitas”