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No dejes que se te caiga el mundo encima

Empieza la vida ordinaria, después de una larga e intensa navidad.

A simple vista el cambio puede consistir en mimetizarse de nuevo con tanta gente que cumple una larga lista de actividades como madrugar, ir al cole, perder el bus, olvidar el paraguas, pisar un charco… volver a casa, hacer deberes, de nuevo madrugar….

Pero ordinario no significa de poca importancia, gris, rutinario, pastoso o plano…. Descubrir la amplia gama de colores oculta en lo cotidiano hace crecer la energía e ilusión para afrontar con madurez tus pequeñas batallas de cada día, con la fuerza acumulada de la navidad.

En el año litúrgico, llamamos tiempo ordinario al que no coincide ni con la Pascua y su Cuaresma, ni con la Navidad y su Adviento. Estos últimos son tiempos de emociones fuertes que cargan pilas y el primero es tiempo de  respuestas generosas que ayudan a crecer de forma casi imperceptible.

Jesús, durante sus años de vida oculta creció en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres, así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos crecer en nuestra vida espiritual, estudio, relaciones humanas, en medio de éxitos y fracasos, sufrimientos y momentos felices. Porque el que no avanza retrocede. No hay punto muerto en la vida interior.

El tiempo ordinario NO ES UN TIEMPO DE DESENGAÑOS NI DE SUPERVIVENCIA, ES UN TIEMPO DE CRECIMIENTO.

Que este tiempo te caiga como jarro de agua fría igual que a nuestro “alien” le alcanzó la bola luminosa, depende de ti y de tu actitud para sacarle partido.

La familia: tu más innata y profunda aspiración

Dios es Amor. Te ha creado a imagen y semejanza suya.

Es decir, te creó porque te ama y te creó para que amaras.

 La familia es la prueba más primaria, puesta en nuestra naturaleza humana, de que el Amor es el sentido de tu origen y de tu destino.

 Tu más innata y profunda aspiración.

Fuente: contenidossemf.com

Un aplauso

Dedico un fuerte aplauso a quienes se atraven a defender la vida

 

desde el minuto “O”.

 

No entiendo a los árbitros que pudiendo ellos jugar, sancionan con sus normas LA VIDA DE OTROS, haciendo ocupar millones de banquillos en lugar de llenar campos de juego. Felicito a la afición que con iniciativas y entusiamo, suple “torpeza de árbitros” y “desconcierto de jugadores “. Agradezco la guía clara de quien dice sin miedo que “esta “colaboración no es como otra cualquiera. Lloro por quienes habiendo recibido el don de la vida, nunca tendrán la oportunidad de jugar su juego.

Grito: “vive y deja vivir”.

¿Actúas? ¿Actúo?

  • Reza y haz rezar.
  • Infórmate sobre este tema para no opinar a la ligera.
  • Habla en favor de la vida siempre que puedas. En la tienda de chuches, en el cole, en el bus, en el chino de la vuelta de la esquina…
  • Apoya, informa y pon en contacto con organizaciones preparadas para ello a quien sufre una situación difícil y solo encuentra una alternativa.
  • Felicita: a quien tiene un hijo a pesar de un riesgo, a los padres del hijo no deseado pero bienvenido, a quien espera el trecero, cuarto, quinto, …. .
  • Ayuda a que muchos visualicen cómo es el niño no nacido.

En el minuto “O” cada niñ@ tiene YA toda la información genética que le hace único, irrepetible, con una vida propia y distinta a la de su madre. A las 10 semanas, está perfectamente formado -¡de cabeza a pies!-. Todo lo que necesita es tiempo, alimento y un entorno especial para seguir creciendo.

Los no nacidos no pueden hablar por si mismos. Habla tu por ellos.

Pin Pies provida. Pertenecen a un niño no nacido de 10 semanas de gestación. Pedidos 955 942 797 y en este blog.

 

En educación SI hay secretos

Leyendo el libro “Cuando habla el corazón” de Javier Abad, me tropecé con unas palabras que no quiero retener solo en el libro, por si no te las encuentras. Son sencillas e incluso obvias, pero exigentes y fecundas si las hacemos más propias. Me parece una buena forma de abrir brecha en el tema de ayudar a los hijos.

La educación continúa la generación, engendra cada día vida nueva en los hijos; y cuando se trata de educación cristiana, por su medio el Espíritu Santo da vida sobrenatural. Los educadores complementan en el colegio la labor paterna y materna. Las palabras que siguen, aunque dirigidas a los padres, son igualmente válidas para los educadores de sus hijos.

no enseñéis a vuestro hijos a rezar, que no aprenderán: rezad vosotrosJuan Pablo II.

La oración no se enseña; se comunica; se trasmite por contacto, como el lenguaje. Los pequeños hablan porque oyen a sus padres, utilizan sus términos, se impregnan de su acento;  se les pegan sus ademanes. Tal sucede con las virtudes y hasta con los defectos que hayan en el hogar desde que nacen: se les prenden como el color, como el aroma, como el polvo del ambiente. No son las cualidades que los padres tratan de inculcar, ni los conflictos que quieren evitar: es lo que realmente los niños tocan y viven y aspiran mientras crecen.

Si encuentran en la casa que el espíritu de oración llena el ambiente con naturalidad, obrarán sin que nadie tenga que enseñarles. En la familia reciben el tesoro de la oración, el secreto de ese lenguaje expresivo de los hijos de Dios. Allí encuentran el enfoque sobrenatural de los sucesos corrientes; allí aprenden a responder con coherencia a cada situación fácil o complicada. Allí respiran la fe para practicar con equilibrio “innato” una conducta cristiana en medio del diario vivir con todas sus vicisitudes.

Para poder hablar de Dios a los niños, se necesita una íntima unión con Él que irradie a los demás; que el niño perciba tan real como las cosas que le rodean, sin extrañezas, sin afectación, sin aspavientos; entonces sí, ahí sí, los niños oran con espontaneidad como caminan, como comen.”

Te pregunto y me pregunto ¿Qué más podemos hacer?

Hay seguro muchas respuestas. Ell@s aún necesitan nuestro ejemplo.

Pues ánimo y a por ello.

Llueven piruletas

¿Te imaginas…. una escalera sin peldaños, un candado sin cerradura, un rabo sin cerdo, una raqueta sin cuerdas, un árbol sin tronco, un reloj sin manecillas o un “castor” en el portal de Belén?

Para entrar en la escena de tu vida cristiana y cumplir tu misión “de primera”, tienes que saberte el papel. Completamente. Sin medias tintas. Sin cambiar letras. ¡Por una letra! ¡Lo que puede pasar por cambiar solo una letra…!

Saber para vivir.

Vivir sabiendo como hacerlo.

 Por eso estudia, aprende y piensa también sobre tu fe. Para que nos te pase como al “castor” que oía campanas pero no sabía bien dónde……

 piruleta-de-corazon

La buena vida

Otoño    

En el mes de noviembre en la Iglesia celebramos la fiesta de Todos los Santos del cielo, y conmemoramos a todos los Fieles Difuntos. Conmemorar es recordar algún hecho importante con la celebración de un acto solemne. ¿Qué hay más importante que la elección de cómo pasar la vida eternamente? Estamos todos invitados especialmente durante este mes:

 A rezar por todas aquellas personas que ya nos esperan al otro lado.  

A fijarnos en el ejemplo de los que han alcanzado el premio del cielo, para siempre.     

Y en definitiva a interrogarnos ante el misterio de la muerte, y quizá caer en la cuenta que la “buena vida” es la “vida buena” porque alegra a Dios, llena el corazón del hombre y de sus efectos disfrutan los dos eternamente.  

Nos hiciste, Señor, para Ti e inquieto estará nuestro corazón hasta que descanse en Ti”.

La meta nos la pone Dios. Es ambiciosa. Afecta directamente al corazón: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Y al prójimo como a ti mismo”

Amar a Dios, enamorarse del ser más perfecto y más bueno. Poder decir de verdad: ¡yo soy amigo de Dios, de la familia de Dios, hijo de Dios! Esto no es un modo de hablar, sino una realidad en la vida diaria de los cristianos.   

Y amar al prójimo como a uno mismo, es decir, más que la propia cuenta corriente, que aprobar el carnet de conducir, que el ordenador portátil o que mi tiempo libre. Amar al prójimo implica, por tanto, aprender a cortar las alambradas láser con las que el egoísmo nos aísla y nos impide tener abierto el corazón a todos. Hay mucho trabajo: ¡son tantos los millones de hombres que se odian, se pelean, se matan, se drogan o se ignoran! 

Para aspirar a la plenitud no hace falta sentir una particular emoción o tener unas cualidades peculiares, ni irse a un desierto, ni oír no se sabe qué voces interiores espirituales, ni ser una persona especial: algun@ se imaginan a los cristianos como seres extraños, ajenos a la realidad, incluso feos, bajitos, gangosillos, que no se comen una rosca y más anticuados que los huesos de Atapuerca. 

El cristiano no es así. El cristiano es normal; amar a Dios es lo normal: “Nos hiciste, Señor, para ti,…”. Lo anormal es lo contrario, por muy extendido que esté. Tod@ hij@ de vecin@ está llamad@ al amor, a la santidad (son palabras sinónimas). 

¿Cuanto te cuesta a ti la santidad?

Fuente: Corazón inquieto. Ver más en “la fuerza que necesitas”